
Código de Hammurabi. Comentario
Clasificación
La Estela del Código de Hammurabi es una obra atribuida al reinado del rey Hammurabi de Babilonia, quien gobernó entre los años 1792 y 1750 a.C. Se trata de una pieza escultórica tallada en diorita negra, con una altura de aproximadamente 2,25 metros. Esta escultura pertenece al arte mesopotámico del período paleo-babilónico y combina elementos jurídicos, religiosos y políticos. Fue descubierta en 1901 en la ciudad de Susa, actual Irán, y actualmente se conserva en el Museo del Louvre, en París. Además, se enmarca en una tradición artística donde el poder se legitima mediante el vínculo con la divinidad, práctica común en las culturas del antiguo Oriente Próximo.
Descripción
La estela presenta una representación figurativa simbólica, al exhibir en su parte superior una escena tallada en bajorrelieve que muestra al rey Hammurabi de pie ante el dios Shamash, divinidad solar y de la justicia. Este aparece sentado en un trono, entregando al monarca un cetro y un anillo, símbolos del poder soberano. La mayor parte de la superficie restante está cubierta con escritura cuneiforme en lengua acadia, donde se registran 282 leyes que abarcan diversos aspectos de la vida cotidiana, civil y penal. Aunque estilizada, la escena tiene un carácter ceremonial, en la que el contacto entre lo divino y lo humano legitima la autoridad política. La técnica utilizada es la talla directa, y su género se identifica como jurídico y religioso. Como fuente iconográfica, remite a modelos visuales mesopotámicos anteriores, como los de la época sumeria y acadia.
Análisis
Desde el punto de vista formal, la estela presenta un volumen monolítico, con forma cilíndrica ligeramente curva en su cima, que acoge el relieve. Las figuras están organizadas con una clara jerarquía compositiva: Shamash se sitúa en un plano más elevado y con mayor detalle, como símbolo de su superioridad. El movimiento de la escena es mínimo; las figuras adoptan posturas estables, que transmiten solemnidad y rigidez institucional. La proporcionalidad está estilizada, y aunque los cánones no responden a proporciones naturales, se ajustan a normas de representación simbólica. La textura de la diorita pulida refuerza el carácter solemne y perenne del mensaje legal, mientras que el color oscuro del material otorga seriedad y peso visual a la obra. A pesar de la ausencia de detalles faciales muy expresivos, la expresividad se canaliza a través de los gestos y objetos simbólicos, dotando al conjunto de un poderoso mensaje ideológico.
Comentario
En primer lugar, es crucial entender la cronología de esta pieza en el marco del arte del Oriente Próximo. El estilo paleo-babilónico se desarrolla en el segundo milenio a.C., y tiene como antecedentes la tradición sumeria y acadia. Aunque se puede hablar de una continuidad, la época de Hammurabi representa una síntesis y madurez de estos modelos anteriores.
En cuanto a su localización, la obra fue descubierta en Susa, ciudad elamita, lo que sugiere que fue trasladada como botín de guerra después de la caída de Babilonia. Así, se preservó fuera de su contexto original, lo que paradójicamente favoreció su conservación.
Desde el punto de vista contextual, la estela es reflejo de una civilización altamente organizada. Babilonia, bajo Hammurabi, fue un importante centro de poder político y económico. Además, las leyes inscritas reflejan una sociedad estratificada, con normas diferenciadas según el estatus social del infractor. Evidentemente, la estela cumple una función jurídica, pero también religiosa e ideológica: no se limita a registrar normas, sino que legitima el poder del rey como ejecutor de una justicia divina.
Específicamente, los rasgos del estilo incluyen una composición jerárquica, la representación simbólica del poder, la codificación visual del mandato divino y el uso de la escritura como elemento artístico. Así pues, la combinación de iconografía sagrada y lenguaje legal es una característica distintiva del arte babilónico, que no se encuentra en otras culturas contemporáneas con el mismo nivel de síntesis.
En cuanto a la escuela artística, esta escultura pertenece al corpus del arte mesopotámico, particularmente en su vertiente política y religiosa. Aún sin conocer los nombres de sus autores, podemos asumir una ejecución altamente cualificada, indicativa de una especialización artística.
Con respecto a las influencias, la estela toma elementos visuales del arte sumerio, especialmente de las estelas votivas y conmemorativas. Igualmente, se inspira en la representación acádica del poder, como se observa en la Estela de Naram-Sin.
Entre las obras paradigmáticas del estilo se pueden mencionar, además de la propia estela de Hammurabi, la ya citada Estela de Naram-Sin, los retratos de Gudea de Lagash, y los relieves de los templos de Ur. Estas piezas comparten el uso del bajo relieve, el mensaje político o religioso y el recurso a una estética simbólica.
Finalmente, es importante subrayar que aunque los artistas no firmaban sus obras, gozaban de cierto reconocimiento en su sociedad, al ser los transmisores visuales de los valores del Estado y la religión.
Conclusión. Código de Hammurabi comentario
Para concluir, la Estela del Código de Hammurabi constituye un hito tanto jurídico como artístico. A través de su forma y contenido, nos proporciona un testimonio invaluable sobre la cultura babilónica. Representa una de las primeras codificaciones legales escritas de la humanidad, lo que la convierte en un documento único.
Además, desde el punto de vista artístico, esta obra ejemplifica la síntesis de imagen y escritura, de poder y religiosidad, que caracterizó a la cultura mesopotámica. En consecuencia, su influencia no se limita a su época: tuvo eco en legislaciones posteriores y en la iconografía del poder a lo largo de la historia.
En definitiva, se trata de una obra cuya trascendencia supera lo estético. Su legado persiste como símbolo del nacimiento del derecho codificado y como ejemplo paradigmático del arte monumental del antiguo Oriente.
Bibliografía. Código de Hammurabi comentario
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- Wikipedia
