Tímpano del Juicio Final de Autun. Comentario

Sobre la puerta principal de la catedral de San Lázaro de Autun, un Cristo gigantesco preside la separación entre salvados y condenados, mientras un diablo intenta inclinar a su favor la balanza en la que se pesan las almas. Bajo sus pies, una breve inscripción, «Gislebertus hoc fecit», ha dado nombre a uno de los escultores más célebres de la Edad Media. El tímpano del Juicio Final de Autun es una de las cumbres de la escultura románica de Borgoña. ¿Quién fue realmente Gislebertus y qué querían transmitir a los fieles estas escenas terribles? Lo explicamos en este comentario completo.

Ficha técnica

ObraTímpano del Juicio Final (portada occidental)
AutorGislebertus y su taller, según la lectura tradicional de la inscripción
CronologíaHacia 1130-1145
EstiloEscultura románica, escuela de Borgoña
Material y técnicaPiedra caliza tallada en relieve
TipologíaTímpano, dintel y arquivoltas de una portada
UbicaciónCatedral de San Lázaro, Autun (Saona y Loira, Francia)
Tímpano del Juicio Final de Autun: Cristo en majestad en una mandorla, con el cielo, el pesaje de las almas y la resurrección de los muertos en el dintel
Tímpano del Juicio Final de la portada occidental. Catedral de San Lázaro, Autun. Foto: Benjamin Smith, CC BY-SA 4.0, Wikimedia Commons.

Clasificación del tímpano del Juicio Final de Autun

El tímpano del Juicio Final de Autun corona la portada occidental de la catedral de San Lázaro de Autun, una iglesia levantada desde hacia 1120 por el obispo Étienne de Bâgé para acoger las reliquias de san Lázaro, el amigo de Jesús al que la tradición situaba como primer obispo de Marsella. El papa Inocencio II consagró el templo en 1130, aunque las obras continuaron y las reliquias no se trasladaron hasta 1146. La portada se fecha, por tanto, hacia 1130-1145, y es una obra fundamental de la escuela borgoñona de escultura románica, ligada a la órbita artística de Cluny.

En el centro del dintel, justo bajo los pies de Cristo, se lee Gislebertus hoc fecit («Gislebertus hizo esto»). Desde el estudio de Denis Grivot y George Zarnecki (1961) se ha leído como la firma del escultor, al que se atribuyen también la mayoría de los capiteles del templo, y Gislebertus se convirtió en uno de los pocos artistas románicos con nombre propio. Sin embargo, la historiadora Linda Seidel (1999) ha cuestionado esa lectura. Recuerda que en la Edad Media el verbo fecit podía designar a quien encargaba o pagaba una obra, no solo a quien la tallaba, y que la inscripción ocupa un lugar de honor, junto a Cristo, que encaja mal con la modestia de un artesano. Por ello propone que el nombre aluda a un personaje ilustre de la historia local, como el conde Gislebertus de Autun, del siglo X, recordado como benefactor de la ciudad. El debate sigue abierto e ilustra un problema general del arte medieval: la dificultad de atribuir las obras a autores concretos.

Análisis formal

La composición se ordena en torno a un Cristo en majestad sentado dentro de una mandorla sostenida por cuatro ángeles. Es una figura rígida, frontal y perfectamente simétrica, con los brazos extendidos y las palmas abiertas, que dobla en altura a cualquier otro personaje: es la perspectiva jerárquica, que da a cada figura el tamaño de su importancia. A su derecha (izquierda del espectador) se sitúa el cielo: san Pedro, con una enorme llave, recibe a los elegidos, a los que los ángeles ayudan a entrar en la Jerusalén celeste, representada como un edificio de arcos. A su izquierda se desarrolla el pesaje de las almas: el arcángel san Miguel y un diablo sostienen la balanza, y el demonio intenta hacer trampa empujando el platillo hacia abajo, mientras algunas almas diminutas se esconden bajo el manto del arcángel. Detrás, otros demonios arrojan a los condenados a la boca del infierno.

Tímpano del Juicio Final de Autun, detalle: san Miguel y un diablo pesan las almas junto a la boca del infierno
El pesaje de las almas y el infierno, a la izquierda de Cristo. Foto: Benjamin Smith, CC BY-SA 4.0, Wikimedia Commons.

El dintel muestra la resurrección de los muertos, que salen de sus tumbas. Un ángel con espada los separa en dos grupos. A la izquierda se encaminan hacia la salvación, y entre ellos se reconocen dos peregrinos con sus zurrones, marcados con una cruz (Jerusalén) y con una concha (Santiago). A la derecha, los condenados se retuercen de angustia, y unas enormes manos surgen de lo alto para agarrar la cabeza de uno de ellos. Las inscripciones latinas del dintel subrayan el mensaje; la de la derecha advierte: «Que este terror aterre a quienes ata el error terrenal».

Tímpano del Juicio Final de Autun, dintel con los resucitados y la inscripción Gislebertus hoc fecit bajo los pies de Cristo
Dintel con los resucitados y la inscripción «Gislebertus hoc fecit» bajo los pies de Cristo. Foto: Gaudry Daniel, CC BY-SA 3.0, Wikimedia Commons.

Las figuras son muy alargadas, delgadas y casi ingrávidas, con cuerpos que se doblan para adaptarse al espacio. Los paños se resuelven con finos pliegues paralelos, muy ceñidos, y los demonios, esqueléticos y de pelo erizado, son de una fuerza expresiva extraordinaria. El conjunto se enmarca con arquivoltas: la exterior presenta en medallones los signos del zodiaco y los trabajos de los meses, como recordatorio de que el Juicio pone fin al tiempo humano. La obra que vemos ha sobrevivido de milagro: en 1766 los canónigos la cubrieron con yeso, y para alisar la superficie cortaron la cabeza de Cristo, que sobresalía. El tímpano se redescubrió en el siglo XIX, y la cabeza, identificada en el Museo Rolin a mediados del siglo XX, volvió a su lugar.

Comentario: contexto, función y estilo

Contexto histórico y artístico

En la primera mitad del siglo XII, Borgoña era uno de los grandes focos del románico gracias a la abadía de Cluny, cuya tercera iglesia sirvió de modelo a la catedral de Autun. Era también una tierra de peregrinaciones: muy cerca, la Magdalena de Vézelay atraía a miles de fieles que veneraban las reliquias de María Magdalena, hermana de Lázaro según la tradición medieval, y Vézelay era además el punto de partida de una de las rutas hacia Santiago. Autun aspiraba a competir con ese prestigio, y su portada debía impresionar a los peregrinos que llegaban al sepulcro de Lázaro. Grivot y Zarnecki propusieron que el escultor se formó en el taller de Cluny y trabajó en Vézelay antes de llegar a Autun, una hipótesis que explicaría el aire de familia entre las tres obras.

Función y significado

El tímpano cumple varias funciones a la vez, todas ellas al servicio de la Iglesia:

  • Enseñanza: como una «Biblia de los iletrados», explica con imágenes claras el Juicio Final descrito en el Evangelio de san Mateo y en el Apocalipsis.
  • Advertencia moral: las inscripciones y las escenas del infierno buscan provocar temor y empujar a los fieles a la penitencia.
  • Esperanza de salvación: los peregrinos del dintel y la entrada de los elegidos en la Jerusalén celeste muestran el camino para salvarse.
  • Umbral simbólico: la portada señala el paso del mundo profano al espacio sagrado: entrar en el templo es anticipar la entrada en el cielo.

Rasgos del estilo

La escultura románica está subordinada a la arquitectura y sometida a la ley de adaptación al marco: las figuras se estiran, se doblan o se encogen para llenar el espacio disponible. En el tímpano del Juicio Final de Autun esta ley se aprecia en la disposición radial de las escenas en torno a Cristo, en los ángeles que se curvan siguiendo el semicírculo y en los resucitados que se agachan bajo el borde del dintel. La jerarquía de tamaños, la frontalidad de Cristo y la simetría de la composición expresan un orden divino que no pretende imitar la realidad, sino hacer visible una verdad teológica.

Dentro de ese lenguaje común, Autun muestra los rasgos de la escuela borgoñona: un canon muy alargado, figuras de gran ritmo y flexibilidad, pliegues finos y paralelos y una intensidad expresiva que se acerca a lo visionario. Comparado con el tímpano de Conques, más narrativo y ordenado en registros, el de Autun es más dramático y nervioso, y frente a la solemnidad de Moissac, más movido y angustiado. Esa combinación de orden y terror explica su fama como una de las imágenes más poderosas del románico europeo.

Obras relacionadas

Del mismo taller proceden el dintel de la Tentación de Eva de Autun y el capitel del suicidio de Judas. El otro gran tímpano borgoñón es el tímpano de Vézelay, y el mismo tema del Juicio Final aparece en el tímpano del Juicio Final de Conques. Para ver cómo evolucionó la portada a finales del siglo XII, conviene compararlo con el Pórtico de la Gloria.

Conclusión

El tímpano del Juicio Final de Autun resume las claves de la escultura románica: subordinación al marco arquitectónico, jerarquía de tamaños, antinaturalismo y un mensaje didáctico y moral dirigido a todos los fieles. Su canon alargado y su dramatismo lo convierten en la obra maestra de la escuela de Borgoña, y su inscripción, firma del escultor o recuerdo de un benefactor, plantea una de las preguntas más interesantes sobre la autoría en el arte medieval.

Preguntas frecuentes sobre el tímpano del Juicio Final de Autun

¿Qué representa el tímpano de Autun?

El Juicio Final: Cristo en majestad en el centro, el cielo a su derecha, el pesaje de las almas y el infierno a su izquierda, y la resurrección de los muertos en el dintel.

¿Quién fue Gislebertus?

Tradicionalmente, el escultor que firmó el tímpano con la inscripción «Gislebertus hoc fecit». Linda Seidel ha propuesto que el nombre aluda a un comitente o benefactor, como un antiguo conde de Autun.

¿Cuándo se hizo el tímpano de Autun?

Hacia 1130-1145, durante la construcción de la catedral de San Lázaro, consagrada en 1130.

¿Qué es el pesaje de las almas?

La escena en la que san Miguel y un diablo pesan las almas en una balanza para decidir su destino; en Autun el diablo intenta hacer trampa.

¿Por qué se conservó tan bien?

Porque en 1766 los canónigos lo cubrieron con yeso. Se redescubrió en el siglo XIX, y la cabeza de Cristo, cortada entonces, se recolocó en el siglo XX.

Bibliografía

Focillon, H. (1931). L’art des sculpteurs romans: recherches sur l’histoire des formes. París: Ernest Leroux.

Grivot, D. y Zarnecki, G. (1961). Gislebertus, Sculptor of Autun. Londres: Trianon Press.

Mâle, É. (1922). L’art religieux du XIIe siècle en France. París: Armand Colin.

Seidel, L. (1999). Legends in Limestone: Lazarus, Gislebertus, and the Cathedral of Autun. Chicago: University of Chicago Press.


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