
Togado Barberini
Clasificación
El Togado Barberini es una escultura romana realizada en mármol blanco, fechada en el último tercio del siglo I a.C., durante la etapa final de la República romana. Su autor es anónimo, algo habitual en la escultura romana republicana, donde la función conmemorativa superaba la identidad artística. El estilo de la obra es realista, típico del verismo romano republicano, y representa una síntesis entre influencias etruscas y helenísticas. La escultura se conserva actualmente en la Centrale Montemartini, parte de los Museos Capitolinos de Roma. A propósito, fue descubierta en el siglo XVI, en una villa romana, y luego incorporada a la colección Barberini, de donde toma su nombre. Se considera una obra paradigmática del retrato cívico y familiar en Roma.
Descripción
La escultura es una representación figurativa y naturalista, que capta con fidelidad las características físicas del personaje. Se trata de una escultura de bulto redondo, lo que permite su contemplación desde distintos ángulos, aunque se privilegia claramente el frontal. La figura representa a un patricio togado, en posición erguida, con el torso cubierto por una toga de pliegues profundos y rítmicos. En ambas manos sostiene los bustos de dos antepasados, lo cual evoca el rito romano del ius imaginum, práctica aristocrática mediante la cual se preservaban y mostraban los retratos funerarios de los miembros ilustres de la familia. Así pues, el género es claramente conmemorativo y funerario. El material utilizado es mármol, tallado con la técnica de la talla directa, la cual permite una definición precisa de los rasgos faciales y de la indumentaria. El tema central gira en torno a la pervivencia de la memoria familiar y la exaltación del linaje patricio. Además, el retrato encarna los ideales romanos de virtus, gravitas y pietas.
Análisis
La estructura de la escultura responde a una composición vertical y simétrica, cuyo punto de equilibrio se sitúa en el centro del cuerpo del togado. Así como los bustos que sostiene tienden hacia el equilibrio bilateral, la disposición general busca evocar estabilidad, orden y jerarquía. El volumen es compacto, casi arquitectónico, con escasa movilidad. No obstante, la disposición de los brazos y la leve inclinación de la cabeza del personaje principal insinúan cierto dinamismo contenido. A pesar de la rigidez general, la escultura sugiere solemnidad y presencia. El tratamiento de las proporciones es clásico, aunque cabe destacar que la cabeza del personaje principal no pertenece originalmente al cuerpo. Esto se ha demostrado a través de estudios estilísticos y análisis técnicos. La textura del mármol está especialmente cuidada en los pliegues de la toga, que caen con precisión geométrica, contrastando con la superficie lisa de los rostros. En cuanto al color, el mármol blanco original probablemente brillaba, reforzando la pureza simbólica de la figura. La expresividad se manifiesta en los rostros de los bustos: envejecidos, severos, marcados por el tiempo, reflejan los ideales morales del verismo romano.
Comentario
El Togado Barberini debe analizarse dentro del marco cultural y político del final de la República romana. En este periodo, Roma estaba envuelta en profundas transformaciones sociales y conflictos civiles. La élite patricia se aferraba a los valores tradicionales, como el culto a los antepasados, para reafirmar su estatus. En consecuencia, obras como esta tienen una función claramente ideológica y propagandística. De hecho, el togado no representa a un individuo cualquiera, sino a un arquetipo del ciudadano romano ideal, que honra su pasado para legitimar su autoridad en el presente. La obra transmite los valores de la res publica: continuidad, respeto por la tradición y superioridad moral. Contrariamente al retrato griego, más idealizado, el romano apuesta por el realismo extremo, visible en las arrugas, la expresión severa y la falta de embellecimiento. Como muestra de ello, los bustos expresan una visión del tiempo como acumulación de sabiduría, no de decadencia. El ius imaginum, al que hace referencia la escultura, era un derecho exclusivo de los patricios. Así, la obra tiene un fuerte componente elitista, al mostrar visualmente la genealogía y la virtud heredada. Obras semejantes son el Arringatore etrusco, el Patricio Torlonia o diversos retratos funerarios conservados en colecciones romanas. Todos ellos comparten una finalidad: exaltar la nobleza del linaje mediante el retrato. Los escultores de este periodo trabajaban por encargo familiar o público, y rara vez firmaban sus obras. El énfasis recaía, por tanto, en la función conmemorativa, no en la autoría.
Conclusión. Togado Barberini
En definitiva, el Togado Barberini es una obra esencial para comprender el pensamiento visual romano. A través de ella, se articula una ideología que funde familia, política y memoria histórica. Su mayor aportación al arte reside en su capacidad para convertir una escultura en un manifiesto cívico, donde la virtud personal se convierte en símbolo de una genealogía moral. Además, este tipo de retratos veristas tuvo una notable influencia posterior, especialmente durante el Renacimiento y en el neoclasicismo, donde se retomaron los modelos romanos como referencia de virtud pública. Incluso en el siglo XIX, escultores como Jean-Baptiste Carpeaux o David d’Angers recurrieron a este tipo de representación para sus obras conmemorativas. Concluyendo, esta obra no solo es importante por su calidad técnica, sino por su capacidad simbólica, que trasciende los siglos y sigue interpelando al espectador actual.
Bibliografía. Togado Barberini
-
Bianchi Bandinelli, R. (1983). Roma. El arte romano en la república y en el imperio. Madrid: Alianza Editorial.
-
Torelli, M. (1992). Arte y sociedad en el mundo romano. Madrid: Akal.
-
Ramage, N., & Ramage, A. (2000). El arte del mundo romano. Madrid: Cátedra.
-
Zanker, P. (1995). La máscara del poder. Una figura del retrato romano. Madrid: Visor.
-
Kleiner, F. (2011). Historia del arte romano. Madrid: Ediciones Akal.
