
Templo de Apolo en Bassae
Clasificación
El Templo de Apolo Epicurio en Bassae, situado en una región montañosa del Peloponeso (Grecia), fue construido entre 430 y 400 a.C., en plena transición entre el periodo clásico medio y tardío. Fue diseñado por Ictinos, uno de los arquitectos del Partenón, lo que confirma su importancia. El templo está dedicado a Apolo Epicurio, es decir, “Apolo el que socorre”, en agradecimiento por proteger la ciudad durante una epidemia. Se trata de una obra única en la arquitectura griega, tanto por su localización aislada como por su mezcla de estilos: dórico en el exterior, jónico e incluso corintio en el interior. Actualmente, se encuentra en conservación protegida bajo una carpa monumental de la UNESCO. Por lo tanto, se considera una joya arquitectónica tanto por su innovación como por su estado general de preservación.
Descripción
Este templo presenta una planta rectangular períptera, compuesta por 6 columnas en los lados cortos y 15 en los largos, lo que rompe con el esquema clásico 6×13. Fue construido en caliza gris local, con algunas partes en mármol, especialmente en las columnas interiores. El acceso se realizaba desde el este, de forma inusual, ya que la mayoría de los templos griegos se orientan al este y se acceden desde el oeste. En el interior, la cella estaba dividida longitudinalmente por columnas jónicas adosadas a los muros y una columna central corintia, la más antigua conservada de este orden. El entablamento exterior, así como la cubierta a dos aguas, eran de tejas cerámicas. Como elementos sustentantes, encontramos columnas dóricas exteriores y columnas jónicas y corintias interiores. Los elementos sustentados incluyen el tejado, las vigas transversales y el friso interior. Específicamente, el friso narraba escenas de la Amazonomaquia y la Centauromaquia, en alto relieve, ahora conservadas en el Museo Británico. Por tanto, su decoración escultórica estaba cargada de significado mitológico.
Análisis
El uso de la luz en el templo es particularmente destacable. Se cree que había una apertura en el techo o una ventana en el muro sur que iluminaba directamente la estatua de Apolo. Así, la luz tenía un papel simbólico y focal, distinto al de otros templos griegos. En cuanto al color, aunque poco se conserva, se han hallado restos de pigmento en el friso, lo que indica el uso de policromía. El volumen del templo es dinámico, con una clara diferenciación entre los espacios exteriores e interiores. Además, la mezcla de órdenes acentúa esta variedad volumétrica. El ritmo visual está marcado por la disposición rítmica de columnas en el períptero y, especialmente, por la secuencia narrativa del friso interior. Las proporciones del templo son alargadas, más que en otros edificios clásicos, lo que genera un efecto de monumentalidad horizontal. Contrariamente a otros templos del siglo V a.C., este no busca simetría perfecta, sino una experiencia espacial más compleja. De este modo, se convierte en una obra arquitectónica innovadora, casi experimental.
Comentario
El Templo de Apolo Epicurio se construyó en una época de transición, cuando el clasicismo griego alcanzaba su madurez y comenzaban a explorarse nuevas posibilidades formales. Su construcción en una región montañosa y remota responde tanto a un culto local como a una necesidad de protección simbólica. Debido a esto, el templo encarna la fusión entre lo religioso y lo político. Su función era doble: rendir culto a Apolo como protector y destacar la autonomía cultural de Figalia. Aunque se halla en un lugar alejado, su diseño revela una clara intención de innovar. Como resultado, incorpora elementos arquitectónicos poco comunes en la Grecia continental de su tiempo.
Los rasgos estilísticos fundamentales incluyen:
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Orden dórico exterior con celda interior de orden jónico,
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Primera columna corintia conocida,
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Friso interior esculpido en alto relieve,
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Orientación inusual hacia el norte-sur,
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Planta alargada con cella subdividida.
Comparado con el Partenón o el Templo de Zeus en Olimpia, el Templo de Apolo en Bassae introduce mayor libertad compositiva. A la inversa, mientras aquellos buscan la perfección canónica, aquí se valoran la experiencia interior y la innovación técnica. La elección de colocar un friso en el interior, en lugar de en el exterior, es única en el mundo griego. Por consiguiente, el visitante no solo admiraba el exterior del edificio, sino que era invitado a penetrar en un espacio más narrativo y expresivo. Evidentemente, esta configuración respondía también a motivos religiosos, pero su efecto estético es incuestionable.
El templo fue atribuido a Ictinos, lo cual refuerza su valor. Además, su redescubrimiento en el siglo XIX tuvo un gran impacto en el neoclasicismo europeo, ya que reveló una versión del clasicismo más íntima y variada que la habitual. Sus esculturas fueron transportadas a Londres, donde alimentaron la estética historicista de la época. Así mismo, su singularidad formal lo convirtió en un modelo alternativo a los cánones atenienses.
Conclusión. Templo de Apolo en Bassae
En resumen, el Templo de Apolo Epicurio en Bassae es una de las obras más complejas e interesantes de la arquitectura griega clásica. Su localización remota, su combinación de estilos y su friso interior lo convierten en una creación única. Generalmente, los templos griegos siguen patrones estrictos; este, en cambio, experimenta con el espacio, la luz y la narración visual. En consecuencia, su influencia se extiende más allá de su tiempo, siendo redescubierto por los arqueólogos del siglo XIX y valorado por los teóricos del arte del XX. Finalmente, su condición de Patrimonio de la Humanidad subraya su valor universal. Por tanto, no solo debe estudiarse como ejemplo del clasicismo griego, sino como una propuesta arquitectónica audaz, innovadora y profundamente simbólica. De hecho, es uno de los templos más completos, complejos y emocionalmente potentes de la Antigüedad.
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