El entierro del conde de Orgaz. Comentario

El entierro del conde de Orgaz. Comentario
El entierro del conde de Orgaz. Comentario


El entierro del Conde de Orgaz. Comentario


Clasificación


Nos encontramos ante “El entierro del Conde de Orgaz”, una de las obras maestras del pintor de origen cretense Doménikos Theotokópoulos, conocido universalmente como El Greco. Esta pintura fue realizada entre 1586 y 1588 por encargo de la parroquia de Santo Tomé en Toledo, ciudad donde El Greco pasó buena parte de su vida artística. La obra se inscribe, principalmente, en el Manierismo, aunque muestra rasgos que anticipan la espiritualidad intensa del Barroco. Se trata de un óleo sobre lienzo, de grandes dimensiones, que aún permanece en su ubicación original, en la Iglesia de Santo Tomé.

“El entierro del Conde de Orgaz”, adicionalmente, constituye un testimonio de la capacidad de El Greco para fusionar tradición bizantina, arte italiano y sensibilidad española en un lenguaje profundamente original. Evidentemente, esta obra resulta esencial para entender el desarrollo posterior de la pintura europea.


Descripción


La obra representa dos planos de realidad que se entrelazan simbólicamente. En la parte inferior, de modo naturalista, se escenifica el entierro del noble Gonzalo Ruiz de Toledo, Conde de Orgaz. Según la leyenda, San Esteban y San Agustín descendieron milagrosamente a depositar su cuerpo en la tumba, como recompensa por su piedad.

El soporte es un lienzo de gran tamaño, y la técnica empleada es el óleo, lo que permite una extraordinaria riqueza en el tratamiento de luces, texturas y colores.

El género pictórico es religioso, pero contiene igualmente elementos de retrato civil. Muchos personajes contemporáneos fueron retratados en el cortejo fúnebre, de forma que la escena tiene también un matiz testimonial. La fuente iconográfica, evidentemente, es la leyenda local recogida en crónicas toledanas, fusionada con la tradición cristiana sobre la intercesión de los santos.

Así, el plano superior representa la ascensión del alma del Conde, conducida por un ángel hasta un cielo lleno de santos y figuras divinas, dominado por Cristo, la Virgen y San Juan Bautista. De esta forma, El Greco integra magistralmente lo terrenal y lo celestial en una sola narración visual.


Análisis


El análisis formal de “El entierro del Conde de Orgaz” revela, ante todo, una estructura compositiva innovadora y extraordinariamente compleja. La escena se divide en dos registros: uno terrenal y otro celestial, diferenciados, aunque intercomunicados simbólicamente.

La línea adquiere una importancia decisiva en la definición de los personajes. Los contornos son marcados con una energía que confiere a las figuras una calidad casi escultórica. Así, tanto en el cortejo como en el cielo, los perfiles se recortan nítidamente, facilitando su identificación individual.

El volumen de las figuras se consigue mediante una magistral gradación de la luz y el color, aunque, ciertamente, El Greco estiliza las anatomías con elongaciones expresivas, especialmente en el plano celestial. Los cuerpos pierden la rotundidad renacentista para adoptar formas etéreas y ascendentes.

Respecto a la perspectiva, El Greco emplea una estrategia simbólica. Mientras el plano terrenal está dispuesto según una perspectiva frontal, como si el espectador formara parte del cortejo, el plano celestial se organiza en vertical, guiando la mirada hacia el centro místico de la composición. Así pues, las dos realidades, aunque diferenciadas, se presentan como una continuidad inevitable.

El color constituye uno de los recursos expresivos más notables. El artista utiliza gamas frías y plateadas para las vestiduras de los santos, mientras reserva tonos dorados, verdes intensos y azules profundos para el plano celestial. Esto refuerza, además, la sensación de espiritualidad que impregna la obra.

La luz en la parte inferior es más homogénea, con suaves matices que iluminan los rostros, mientras que en el cielo adopta una cualidad casi sobrenatural, irrumpiendo entre las nubes para enfatizar la gloria divina.

La composición es cerrada y profundamente jerárquica. Todos los elementos conducen la mirada hacia el alma del Conde y su destino celestial. Aun así, dentro de esta organización, existe un dinamismo interno generado por las miradas y gestos de los personajes.

Respecto al movimiento, aunque los personajes terrenales son estáticos y solemnes, en el cielo hay un remolino ascensional que refuerza la idea de la transición hacia la vida eterna.

La expresividad es otra característica esencial. Mientras en el plano inferior predomina la contención, en el superior las figuras reflejan éxtasis y adoración. De esta forma, El Greco logra transmitir, con una fuerza inusitada, el mensaje teológico de la salvación del alma.


Comentario


“El entierro del Conde de Orgaz” se sitúa en un contexto de intensa religiosidad postridentina. Después del Concilio de Trento (1545-1563), la Iglesia Católica impulsó un arte que debía ser claro, emotivo y devocional. El Greco, aunque formado en el Manierismo italiano, adaptó su estilo a las exigencias espirituales de la España contrarreformista.

De manera específica, su lenguaje pictórico combina elementos procedentes de diferentes tradiciones. Por ejemplo, la estilización anatómica y el dinamismo de los gestos remiten al Manierismo de Miguel Ángel y Parmigianino. Sin embargo, la intensidad espiritual y el hieratismo de algunos rostros remiten al arte bizantino, mientras que el detallismo del cortejo se acerca al naturalismo hispánico.

Además, El Greco introduce retratos contemporáneos en la escena, probablemente para vincular la historia sagrada con la comunidad actual. Entre las figuras podemos identificar a nobles toledanos, sacerdotes y juristas, retratados con gran fidelidad. Esta inclusión refuerza la idea de continuidad entre lo terrenal y lo espiritual.

En cuanto a su función, la obra cumple varios objetivos: exaltar la caridad del Conde de Orgaz, estimular la devoción de los fieles y glorificar el papel de la Iglesia como mediadora entre el hombre y Dios.

Específicamente, la pintura encarna algunos de los ideales centrales del arte postridentino: claridad narrativa, intensidad emocional y exaltación de la virtud.

“El entierro del Conde de Orgaz” representa, pues, una síntesis magnífica de las preocupaciones estéticas y teológicas del final del siglo XVI. Aunque El Greco fue incomprendido en su tiempo tardío, su concepción visionaria del arte tendría, finalmente, una enorme influencia en movimientos posteriores como el Expresionismo y el Surrealismo.


Conclusión. El entierro del Conde de Orgaz. Comentario


Concluyendo, “El entierro del Conde de Orgaz” de El Greco es una obra absolutamente singular en la historia del arte occidental. A pesar de su raíz manierista, el cuadro trasciende los estilos de su época, ofreciendo una visión profundamente personal de la relación entre lo humano y lo divino.

La importancia de esta obra radica, efectivamente, en su capacidad para integrar distintas tradiciones visuales en un lenguaje original, emocional y profundamente espiritual.

En resumen, podemos afirmar que El Greco, a través de esta pintura, se adelantó a muchas inquietudes modernas: la desmaterialización de la forma, la expresividad exaltada, y la fusión de lo real y lo visionario. Finalmente, “El entierro del Conde de Orgaz” continúa fascinando por su potencia visual, su complejidad simbólica y su inagotable riqueza interpretativa.


Bibliografía. El entierro del Conde de Orgaz. Comentario


  • Álvarez Lopera, José. (2005). El Greco. Madrid: Arlanza Ediciones.

  • Scholz-Hänsel, Michael. (2006). El Greco. Köln: Taschen.

  • Wethey, Harold E. (1962). El Greco y su escuela. Princeton University Press.

  • Cossío, Manuel B. (1994). El Greco. Madrid: Ediciones Turner.

  • Museo del Prado. (s.f.). Catálogo razonado. El entierro del Conde de Orgaz de El Greco. Madrid: Museo Nacional del Prado.

  • Wikipedia
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