A pocos metros del gigantesco Menga se esconde bajo otro túmulo el dolmen de Viera, un sepulcro de concepción muy distinta: en lugar de una gran sala, un larguísimo corredor de piedra de más de 21 metros que conduce a una pequeña cámara cuadrada. Su eje está trazado hacia el punto del horizonte por donde sale el sol en los equinoccios, de modo que en esos días la luz del amanecer recorre el pasillo hasta el fondo. ¿Qué relación tenían estos constructores con el cielo y con sus muertos? Lo explicamos en este comentario completo.
Ficha técnica
| Obra | Dolmen de Viera |
| Tipología | Sepulcro de corredor adintelado con cámara cuadrangular y puertas perforadas |
| Cronología | Segunda mitad del IV milenio a. C. (hacia 3500-3000 a. C., fechas aproximadas) |
| Periodo | Neolítico final o inicios del Calcolítico |
| Materiales | Ortostatos y losas de cubierta de piedra local; túmulo de tierra |
| Dimensiones | Corredor de algo más de 21 m de longitud, entre 1,3 y 1,6 m de anchura y unos 2 m de altura; túmulo de unos 50 m de diámetro |
| Orientación | Hacia el este (azimut de unos 96°), en dirección a la salida del sol en los equinoccios |
| Ubicación | Antequera (Málaga). Patrimonio Mundial desde 2016 dentro del Sitio de los Dólmenes de Antequera |

Clasificación del dolmen de Viera
El dolmen de Viera es un sepulcro de corredor de la arquitectura megalítica del sur peninsular, construido probablemente en la segunda mitad del IV milenio a. C., algo después que el vecino dolmen de Menga. Es una construcción adintelada: sus paredes son ortostatos, grandes losas de piedra clavadas en vertical, y su cubierta está formada por losas horizontales apoyadas sobre ellas.
Debe su nombre a los hermanos José y Antonio Viera, vecinos de Antequera que lo localizaron en 1903 tras haber trabajado en Menga; los mismos hermanos encontraron poco después el tholos de El Romeral. Viera forma parte del Sitio de los Dólmenes de Antequera, inscrito en 2016 en la Lista del Patrimonio Mundial de la UNESCO junto con Menga, El Romeral, la Peña de los Enamorados y El Torcal.
Análisis formal
La pieza principal del monumento es su corredor, de algo más de 21 metros de longitud, muy estrecho (entre 1,3 metros en la entrada y 1,6 junto a la cámara) y de unos 2 metros de altura. Sus paredes estaban formadas originalmente por dieciséis ortostatos a cada lado, de los que se conservan casi todos, y se cubría con grandes losas horizontales, varias de las cuales se han perdido. Las piedras están cuidadosamente escuadradas y ajustadas, lo que da a las paredes un aspecto regular, casi de muro aparejado.

El recorrido está marcado por dos puertas perforadas, losas que cierran el paso y en las que se recortó un vano cuadrado. La segunda da acceso a la cámara, un espacio pequeño y de planta cuadrangular formado por cuatro grandes losas y cubierto por otra. El contraste con Menga es evidente: allí domina un amplio espacio interior, mientras que en Viera lo esencial es el recorrido, largo, estrecho y oscuro, que separa el mundo de los vivos de la cámara de los muertos.

Todo el conjunto quedaba cubierto por un túmulo de tierra de unos 50 metros de diámetro. El eje del corredor tiene un azimut de unos 96 grados, es decir, se dirige al este, ligeramente al sur, hacia el punto por donde sale el sol en los equinoccios de primavera y otoño. En torno a esas fechas, la luz del amanecer penetra en línea recta por el pasillo y alcanza la cámara del fondo. Esta orientación sigue la norma de la mayoría de los sepulcros megalíticos de la península, y se aparta de la de Menga, dirigida a la Peña de los Enamorados.
Comentario: contexto, función y estilo
Contexto histórico y artístico
Viera pertenece a la misma necrópolis que Menga y fue construido por las comunidades campesinas que habitaban la fértil vega de Antequera en el tránsito del Neolítico a la Edad del Cobre. En esta época, el megalitismo estaba plenamente extendido por el occidente de Europa, de la península ibérica a Bretaña, las islas británicas y Escandinavia, y los sepulcros de corredor eran su forma más característica en la península. La construcción de un segundo gran monumento junto al primero muestra que el lugar tenía un valor especial y que la comunidad mantuvo durante siglos la tradición de enterrar a sus muertos y celebrar sus ritos en este paisaje.
Función y significado
El dolmen de Viera reunía funciones funerarias, rituales y astronómicas:
- Sepulcro colectivo: acogía los restos de varios miembros del grupo, depositados a lo largo del tiempo en la cámara del fondo.
- Culto a los antepasados: el corredor y las puertas perforadas organizaban un recorrido ritual que separaba simbólicamente a los vivos de los muertos.
- Calendario solar: la entrada de la luz en los equinoccios marcaba momentos clave del año agrícola, como la siembra o la cosecha, y unía la muerte con el ciclo de la naturaleza.
- Afirmación territorial: el túmulo, visible en el paisaje junto a Menga, recordaba la presencia de los antepasados y los derechos del grupo sobre la tierra.
Rasgos del estilo
El megalitismo europeo comprende varias tipologías: el menhir o piedra hincada, el alineamiento de menhires, el crómlech o recinto circular de piedras, el dolmen o cámara de grandes losas con cubierta adintelada y el sepulcro de corredor, que añade un pasillo de acceso a la cámara. Todos comparten el uso de grandes piedras, el carácter colectivo y una estrecha relación con los muertos, con el paisaje y con los ciclos del cielo.
El dolmen de Viera es un ejemplo clásico del sepulcro de corredor. La técnica adintelada, con ortostatos y losas de cubierta, es la misma que en Menga, pero aplicada a un programa diferente: un pasillo muy largo y una cámara reducida, en los que el espacio se vive como un recorrido progresivo hacia la oscuridad. Su orientación a la salida del sol equinoccial refleja la observación del cielo que acompañó al megalitismo y lo relaciona con monumentos como Stonehenge, alineado con los solsticios. En Antequera, los tres sepulcros muestran tres formas de integrar arquitectura y paisaje: Menga mira a la Peña, Viera al sol y El Romeral a El Torcal.
Obras relacionadas
En el mismo conjunto de Antequera se encuentran el dolmen de Menga, de dimensiones colosales, y el tholos de El Romeral, cubierto con falsa cúpula. Para comparar otras tumbas colectivas pueden verse el tholos de Los Millares y la naveta des Tudons, y sobre la relación entre megalitos y astronomía, el crómlech de Stonehenge.
Conclusión
El dolmen de Viera representa la forma más característica del megalitismo peninsular, el sepulcro de corredor, ejecutada con una notable regularidad técnica. Su largo pasillo dividido por puertas perforadas, su pequeña cámara cuadrangular y su orientación hacia la salida del sol en los equinoccios muestran cómo las comunidades del final del Neolítico unían en un mismo monumento el enterramiento colectivo, el ritual y la observación del cielo. Junto a Menga y El Romeral, ayuda a comprender la variedad de soluciones del Sitio de los Dólmenes de Antequera.
Preguntas frecuentes sobre el dolmen de Viera
¿Qué tipo de monumento es el dolmen de Viera?
Un sepulcro de corredor adintelado: un largo pasillo de ortostatos cubierto con losas que conduce a una pequeña cámara cuadrangular.
¿De cuándo es el dolmen de Viera?
Se fecha de forma aproximada en la segunda mitad del IV milenio a. C., algo después que el dolmen de Menga.
¿Hacia dónde está orientado el dolmen de Viera?
Hacia el este, al punto de salida del sol en los equinoccios, cuando la luz del amanecer recorre el corredor hasta la cámara.
¿Por qué se llama dolmen de Viera?
Por los hermanos José y Antonio Viera, que lo localizaron en 1903. También descubrieron el tholos de El Romeral.
¿Qué es una puerta perforada?
Una losa que cierra el corredor y en la que se recortó un vano por el que se accede al tramo siguiente o a la cámara.
Bibliografía
Gómez-Moreno, M. (1905). Arquitectura tartesia: la necrópoli de Antequera. Boletín de la Real Academia de la Historia, 47, 81-132.
Hoskin, M. (2001). Tombs, Temples and their Orientations: A New Perspective on Mediterranean Prehistory. Bognor Regis: Ocarina Books.
Leisner, G. y Leisner, V. (1943). Die Megalithgräber der Iberischen Halbinsel: Der Süden. Berlín: Walter de Gruyter.
Márquez Romero, J. E. y Fernández Ruiz, J. (2009). Dólmenes de Antequera: guía oficial del conjunto arqueológico. Sevilla: Junta de Andalucía.
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