Lamassu Persa

Lamassu Persa. Comentario
Lamassu Persa. Comentario

 


Lamassu Persa. Comentario


Clasificación

El Lamassu de Persépolis es una escultura monumental datada en el siglo V a.C., específicamente bajo el reinado de Jerjes I, uno de los grandes monarcas del Imperio Aqueménida. Estas figuras híbridas, talladas en piedra caliza, se situaban en la Puerta de todas las Naciones, entrada principal del complejo palaciego de Persépolis. Así pues, se encuadran dentro del arte imperial persa, caracterizado por su sincretismo cultural y su monumentalidad. A pesar de la erosión, aún se conservan restos de estas esculturas in situ, en el actual Irán. Por su función, estilo y ubicación, estas figuras resumen el espíritu arquitectónico y simbólico del imperio persa.


Descripción

Estas esculturas presentan una representación figurativa simbólica, que combina cuerpo de toro, alas de águila y cabeza humana masculina con barba rizada. Este ser mítico, inspirado en modelos mesopotámicos anteriores, estaba concebido como guardián protector. Es decir, su función era tanto apotropaica como propagandística. Además, estaban talladas en bulto redondo, aunque parcialmente integradas en la arquitectura. El material empleado fue la piedra caliza, lo que facilitó una talla detallada, especialmente en texturas como las plumas y la barba. La técnica es la talla directa, sin ensamblajes. Así mismo, el género de esta escultura es arquitectónico y religioso, y su tema iconográfico remite a la vigilancia constante del orden cósmico, bajo el poder del rey. Como resultado, el Lamassu funciona tanto como arte visual como manifestación de una ideología estatal.


Análisis

En primer lugar, el volumen del Lamassu es colosal, con una altura que supera los cinco metros. A causa de su tamaño y ubicación, imponía respeto a los visitantes del palacio. La composición es simétrica y estable, reforzando su papel como entidad inamovible.

El movimiento, aunque contenido, se sugiere mediante la postura de las patas. Como en ejemplos asirios, los escultores persas añadieron una quinta pata, con el objeto de sugerir dinamismo lateral. Evidentemente, esto demuestra un alto conocimiento de la perspectiva y el impacto visual.

La proporcionalidad es estilizada. La cabeza es grande y detallada, mientras que el cuerpo mantiene una anatomía robusta y poderosa. Las texturas se trabajan con precisión: la barba en rizos concéntricos, las alas con plumas geométricas y el pelaje con líneas fluidas. Esto resalta la complejidad técnica de la pieza.

El color original de la piedra es claro, pero se cree que estas esculturas estuvieron pintadas. Aunque los pigmentos se han perdido, algunas huellas cromáticas permiten suponer una policromía original.

Finalmente, la expresividad es hierática. La figura transmite una mezcla de calma, fuerza y vigilancia, lo cual cumple perfectamente con su función simbólica dentro del palacio.


Comentario

Para empezar, conviene situar esta obra en el contexto del Imperio Aqueménida, una potencia que dominó desde el Mediterráneo hasta la India. Persépolis fue su capital ceremonial. Allí se celebraban rituales, recepciones diplomáticas y homenajes. Por consiguiente, la monumentalidad era un recurso visual clave.

El Lamassu, retomado de modelos asirios, fue adaptado por los escultores persas para transmitir una visión del poder más universal y sofisticada. En comparación con sus predecesores mesopotámicos, el Lamassu de Persépolis es más esbelto y sereno. Esto indica una voluntad de armonía y racionalidad, más que de fuerza bruta.

Desde el punto de vista funcional, estas esculturas eran protectoras. Sin embargo, también servían como elementos propagandísticos. Así pues, al ubicarse en la entrada del palacio, marcaban la frontera entre lo profano y lo sagrado.

Con relación a las influencias, se aprecia una clara herencia de los Lamassu asirios, pero también una reelaboración que refleja la ideología persa. El caso es que el imperio aqueménida se caracterizó por integrar elementos culturales diversos: egipcios, elamitas, babilonios, griegos. Por eso, su arte resulta tan sintético y global.

Los rasgos estilísticos más destacados son la frontalidad, la simetría, la integración arquitectónica y el detallismo ornamental. A diferencia de otros estilos del Próximo Oriente, el arte persa muestra una voluntad de orden y refinamiento.

Entre las obras escultóricas paradigmáticas del mismo entorno figuran los relieves de la escalera de Apadana, los tributos de los pueblos sometidos y los retratos de Darío I. Todos ellos comparten una misma finalidad: consolidar visualmente el poder imperial.

Los escultores, si bien anónimos, trabajaban organizados en talleres jerarquizados. Gracias a inscripciones cuneiformes, sabemos que participaron artesanos de distintas regiones del imperio. Esto demuestra la riqueza intercultural del arte aqueménida.


Conclusión. Lamassu Persa

En conclusión, el Lamassu de Persépolis es una obra clave para entender la escultura monumental persa. Su imponente presencia en la Puerta de todas las Naciones no solo protegía simbólicamente el palacio. También comunicaba al visitante que se encontraba ante un orden cósmico gobernado por un rey justo y poderoso.

Por añadidura, el Lamassu evidencia la capacidad del Imperio Persa para absorber, reinterpretar y sintetizar influencias artísticas. Por lo tanto, su estudio permite comprender la complejidad del lenguaje visual de la Antigüedad oriental.

A fin de cuentas, se trata de una escultura cuya función, técnica e iconografía la convierten en un símbolo perdurable del poder, la protección y la sofisticación política de una de las civilizaciones más influyentes del mundo antiguo.


Bibliografía. Lamassu Persa

  • Stronach, D. (1990). El arte y la arquitectura del Imperio Persa. Madrid: Ediciones Akal.

  • Curtis, J. (1996). Los persas: El Imperio de los grandes reyes. Madrid: Electa.

  • Ghirshman, R. (1997). Persépolis: historia, arte y cultura. Barcelona: Ediciones Destino.

  • Boardman, J. (2000). El arte persa. Madrid: Alianza Editorial.

  • Frankfort, H. (1997). El arte y la arquitectura del Oriente Antiguo. Madrid: Cátedra.

  • Wikipedia
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