Un animal de oro y lapislázuli se alza sobre sus patas traseras y apoya las delanteras en las ramas de un arbusto dorado, como si buscara las hojas más altas. Lo encontró aplastado, en la campaña de 1928-1929, el arqueólogo Leonard Woolley en una de las tumbas más ricas del Cementerio Real de Ur, y lo llamó «carnero enredado en un matorral» recordando un pasaje de la Biblia. El carnero en la espesura es en realidad un macho cabrío, y no hay uno, sino dos. ¿Qué era, para qué servía y qué hacía una obra así en una tumba mesopotámica? Lo explicamos en este comentario completo.
Ficha técnica
| Obra | Carnero en la espesura (macho cabrío apoyado en un arbusto) |
| Autor | Anónimo (orfebres sumerios) |
| Cronología | Hacia 2600-2400 a. C. (período Dinástico Arcaico III) |
| Estilo | Arte sumerio |
| Materiales | Alma de madera (perdida) cubierta de oro, plata, cobre, lapislázuli, concha y caliza roja |
| Procedencia | Gran Pozo de la Muerte (tumba PG 1237), Cementerio Real de Ur (Irak) |
| Ubicación | Un ejemplar en el Museo Británico (Londres) y otro en el Penn Museum (Filadelfia) |

Clasificación del carnero en la espesura
El carnero en la espesura es una obra de orfebrería sumeria del período Dinástico Arcaico, realizada hacia mediados del III milenio a. C. Woolley halló dos figuras casi idénticas, colocadas una junto a otra, en la tumba PG 1237 del Cementerio Real de Ur, conocida como el Gran Pozo de la Muerte porque en ella yacían más de setenta personas sacrificadas. Las excavaciones las financiaban a medias el Museo Británico y el Museo de la Universidad de Pensilvania, y por eso una figura está en Londres y la otra en Filadelfia.
El nombre se lo dio Woolley pensando en el Génesis, en el carnero «enredado por los cuernos en un matorral» que Abraham sacrificó en lugar de su hijo Isaac. Pero el animal es una cabra macho, como indican su perfil y su barba, y por eso el temario lo describe con más precisión como un «macho cabrío apoyado sobre un arbusto». La relación con el relato bíblico es solo una evocación moderna.
Análisis formal
La figura representa al animal erguido sobre las patas traseras, con las delanteras apoyadas en las ramas de un arbusto con flores, a las que está unido. Mide menos de medio metro. Se construyó sobre un alma de madera, hoy desaparecida, que se cubrió con distintos materiales, fijados con betún, según la parte del cuerpo: pan de oro en la cabeza, las patas y el arbusto; lapislázuli en los cuernos, la barba y el pelo de los hombros; concha en el vellón del cuerpo, con mechones pegados uno a uno; y plata, hoy oscurecida, en el vientre. Las orejas eran de cobre. El conjunto se alza sobre una pequeña base rectangular decorada con un mosaico de concha, lapislázuli y caliza roja.

El efecto principal es el contraste cromático entre el oro, el azul intenso del lapislázuli y el blanco de la concha, un gusto por la policromía y los materiales preciosos que aparece también en otras piezas del cementerio. La figura combina una observación atenta del animal, que se alza como lo hacen las cabras para comer de los arbustos, con una clara estilización decorativa: la barba y los mechones del pelo forman patrones regulares, y la composición es estrictamente simétrica y frontal. Sobre la espalda lleva un tubo, lo que indica que servía de soporte de algún objeto, quizá una bandeja o un pequeño mueble.

Comentario: contexto, función y estilo
Contexto histórico y artístico
A mediados del III milenio a. C., el sur de Mesopotamia estaba dividido en ciudades-estado sumerias, como Ur, Uruk, Lagash o Umma, gobernadas por reyes que eran también jefes religiosos y guerreros. Ur era un puerto rico, con contactos comerciales que llegaban hasta el valle del Indo y las montañas de Irán. Mesopotamia no tenía oro, plata ni piedras preciosas: el lapislázuli venía de Afganistán, la cornalina del Indo y el oro probablemente de Irán o Anatolia, de modo que estas piezas son también un testimonio del comercio a larga distancia. De la misma época son la escritura cuneiforme ya desarrollada y las primeras inscripciones reales.
Función y significado
El significado exacto de la figura sigue abierto, pero se pueden señalar varias ideas:
- Soporte: el tubo de la espalda indica que sostenía algo, quizá una bandeja para ofrendas, aunque su uso preciso es desconocido.
- Ajuar funerario: acompañaba al difunto principal de la tumba junto con otros objetos de lujo, como liras y joyas.
- Fertilidad: el macho cabrío y el árbol florido se asocian con la abundancia de los rebaños y de la vegetación.
- Prestigio: la riqueza de los materiales proclamaba el poder de la élite de Ur y su acceso a productos lejanos.
Rasgos del estilo
El arte mesopotámico se caracteriza por su carácter religioso, votivo y conmemorativo, y a diferencia del egipcio no desarrolló un arte funerario. Los mesopotámicos imaginaban el más allá como un lugar oscuro y triste, «la tierra sin retorno», y no levantaron grandes tumbas ni hicieron imágenes para asegurar la vida eterna. El Cementerio Real de Ur es una excepción con matices: sus tumbas son ricas y en algunas hubo sacrificios humanos, pero no son arquitectura monumental ni contienen un arte creado para la otra vida. El carnero en la espesura, como el Estandarte de Ur o las liras, parece ser un objeto de lujo de la corte, quizá usado en ceremonias, que se enterró con su dueño como signo de su rango.
Lo que la obra demuestra es el altísimo nivel de los orfebres sumerios, capaces de combinar el trabajo del metal, la talla de la piedra y la incrustación en una sola pieza. Ese gusto por los colores vivos y por los materiales preciosos sobre un alma de madera o de betún es el mismo que se ve en las incrustaciones de concha del Estandarte de Ur y en los ojos de lapislázuli de las estatuas de orantes. Su descubrimiento, junto con el resto del tesoro de Ur, reveló al mundo en los años veinte una civilización tan refinada como la del Egipto de Tutankamón, descubierto en esos mismos años.
Obras relacionadas
Del mismo Cementerio Real de Ur procede el Estandarte de Ur, y de la misma ciudad, siglos después, el zigurat de Ur. El gusto por los materiales preciosos y los ojos incrustados aparece en el intendente Ebih-Il, y la imaginería animal sumeria tiene otra obra cumbre en el relieve de Imdugud. Para comparar con el ajuar funerario egipcio, véase la tumba de Tutankamón.
Conclusión
El carnero en la espesura es una de las obras maestras de la orfebrería sumeria. Su macho cabrío erguido sobre un arbusto de oro, con cuernos de lapislázuli y vellón de concha, une la observación del animal con la estilización y el gusto por el color. Hallado en el Gran Pozo de la Muerte de Ur, es también un testimonio de la riqueza y del comercio de las ciudades sumerias, y una excepción matizada dentro de un arte mesopotámico que, a diferencia del egipcio, apenas se ocupó de la muerte.
Preguntas frecuentes sobre el carnero en la espesura
¿Qué es el carnero en la espesura?
Una figura sumeria de oro, lapislázuli, concha y plata sobre un alma de madera que representa un macho cabrío erguido y apoyado en un arbusto florido.
¿Por qué se llama así si es una cabra?
Porque su descubridor, Leonard Woolley, lo bautizó recordando el carnero enredado en un matorral que Abraham sacrificó en lugar de Isaac, según el Génesis.
¿Dónde se encontró?
En el Gran Pozo de la Muerte (tumba PG 1237) del Cementerio Real de Ur, en el sur de Irak, durante las excavaciones de 1928-1929.
¿Dónde se conserva?
Se hallaron dos ejemplares casi idénticos: uno está en el Museo Británico de Londres y el otro en el Penn Museum de Filadelfia.
¿Por qué el Cementerio Real de Ur es una excepción en el arte mesopotámico?
Porque Mesopotamia apenas tuvo arte funerario, pero en Ur se enterraron ricos ajuares y hubo sacrificios humanos. Aun así, sus objetos parecen piezas de lujo de la corte, no arte hecho para el más allá.
Bibliografía
Aruz, J. (ed.) (2003). Art of the First Cities: The Third Millennium B.C. from the Mediterranean to the Indus. Nueva York: The Metropolitan Museum of Art.
Woolley, C. L. (1934). Ur Excavations II: The Royal Cemetery. Londres; Filadelfia: British Museum; Museum of the University of Pennsylvania.
Zettler, R. L. y Horne, L. (eds.) (1998). Treasures from the Royal Tombs of Ur. Filadelfia: University of Pennsylvania Museum of Archaeology and Anthropology.
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