Los Bronces de Riace aparecieron en 1972 a pocos metros de la costa de Calabria, cuando un buceador vio un brazo que asomaba de la arena. Eran dos guerreros griegos de bronce del siglo V a. C., casi intactos, con los ojos, los labios y hasta los dientes originales. ¿A quién representan? ¿Por qué son tan importantes si no sabemos ni quién los hizo? En el vídeo te lo explicamos en cinco claves, en menos de cinco minutos, y debajo tienes el comentario completo.
Ficha técnica
| Obra | Bronces de Riace (estatuas A y B), también llamados Guerreros de Riace |
| Autor | Desconocido (se han propuesto Fidias, Mirón, Pitágoras de Regio o Alcámenes, entre otros) |
| Cronología | Estatua A, c. 460-450 a. C.; estatua B, algo posterior, c. 440-430 a. C. |
| Estilo | Escultura griega, entre el estilo severo y el clasicismo |
| Material y técnica | Bronce, fundición a la cera perdida; incrustaciones de cobre, plata, calcita y pasta vítrea |
| Dimensiones | Algo menos de 2 m de altura cada una |
| Tipología | Esculturas exentas (bulto redondo) |
| Procedencia | Hallados en el mar frente a Riace (Calabria) en 1972 |
| Ubicación actual | Museo Arqueológico Nacional de la Magna Grecia, Reggio Calabria |

Clasificación de los Bronces de Riace
Los Bronces de Riace son dos estatuas griegas de bronce que representan a guerreros desnudos. Se conocen como estatua A, llamada también «el joven», y estatua B, «el viejo». Se descubrieron en 1972 en el mar Jónico, a unos ocho metros de profundidad, frente a la localidad de Riace, en Calabria, y tras una larga restauración se exponen en el Museo Arqueológico Nacional de la Magna Grecia de Reggio Calabria.
Su autor es desconocido y su cronología se discute, aunque la mayoría de los especialistas sitúan la estatua A hacia el 460-450 a. C. y la estatua B algo después, hacia el 440-430 a. C. Se encuentran así en el tránsito entre el estilo severo y el clasicismo pleno. Son, junto con el Auriga de Delfos y el dios del cabo Artemisio, los grandes bronces griegos originales del siglo V a. C. que han llegado hasta nosotros.
Análisis formal
Las dos esculturas representan a guerreros adultos y barbados, de pie, completamente desnudos, según la convención del desnudo heroico. Son figuras de bulto redondo, de tamaño algo mayor que el natural, fundidas mediante la técnica de la cera perdida. En el brazo izquierdo llevaban un escudo, del que se conservan las sujeciones, y en la mano derecha una lanza, ambos perdidos.
La estatua A tiene la cabeza descubierta, con un abundante cabello rizado ceñido por una cinta, y una barba de rizos profundos. La estatua B tiene la parte superior de la cabeza alargada y lisa porque llevaba un casco corintio echado hacia atrás, hoy perdido.
El volumen está resuelto con un conocimiento anatómico muy avanzado: los pectorales, el abdomen, las costillas y las venas se modelan con un naturalismo que el bronce permite trabajar con gran detalle. El movimiento es contenido, pero ambas figuras presentan un claro contrapposto: el peso descansa sobre la pierna derecha, la izquierda se adelanta relajada, la cadera se inclina y el torso responde con una ligera contracurva. La cabeza gira hacia la derecha, lo que acentúa la sensación de vida.
La composición es abierta, pensada para verse desde varios puntos, aunque la vista principal es la frontal. Las dos estatuas se diferencian en el carácter: la estatua A es más tensa, enérgica y orgullosa; la estatua B, más relajada, con el cuerpo algo menos firme y una actitud más tranquila, lo que ha hecho pensar en un hombre de más edad.
La proporción es ya plenamente clásica, con un cuerpo equilibrado y una cabeza de tamaño natural respecto al conjunto. Las texturas contrastan la superficie pulida de la piel con el trabajo minucioso del cabello y la barba, en rizos profundos.
El color se conseguía con incrustaciones de distintos materiales: los labios y los pezones son de cobre, más rojizo que el bronce; los dientes de la estatua A, que asoman entre los labios entreabiertos, son de plata; los ojos combinaban calcita para el blanco y pasta vítrea o piedra para el iris, y las pestañas eran de cobre. El bronce, recién pulido, tenía además un tono dorado muy distinto del verde oscuro actual.
La expresividad es intensa pero contenida. Los rostros transmiten vigilancia, fuerza y autocontrol, sin violencia, lo que corresponde al ideal heroico griego de esta época.
Comentario: contexto, función y estilo
Contexto histórico y artístico
Los Bronces de Riace pertenecen al siglo V a. C., la época de mayor esplendor de la escultura griega. Tras las Guerras Médicas, las ciudades griegas y los grandes santuarios encargaron monumentos de bronce para celebrar victorias, honrar a sus héroes y mostrar su poder. Es el paso del estilo severo, de rostros graves y movimiento contenido, al clasicismo, que con escultores como Policleto y Fidias fijará un ideal de belleza y proporción.
Las estatuas no se hallaron en su lugar original. Lo más probable es que viajaran en un barco que las trasladaba desde Grecia hacia Italia en época romana, como tantas otras obras de arte, y que fueran arrojadas al mar o se perdieran en un naufragio. No se encontraron restos claros del barco, lo que alimenta el debate sobre su origen.
Función y significado
Por su tamaño y su calidad, debieron de formar parte de un gran monumento votivo o conmemorativo situado en un santuario, quizá un grupo de varias figuras. Su identidad es una de las grandes incógnitas de la arqueología griega. Se han propuesto, entre otras, estas hipótesis:
- Dos de los héroes epónimos de las tribus atenienses, del monumento de Maratón que, según Pausanias, se levantó en Delfos con obras de Fidias.
- Dos de los Siete contra Tebas, como Tideo y Anfiarao, de un grupo de Argos.
- Dos héroes míticos de Atenas, como Erecteo y Eumolpo.
Ninguna puede demostrarse. El análisis técnico ha mostrado que la estatua B sufrió restauraciones ya en la Antigüedad: algunas partes, como un brazo, se refundieron más tarde, lo que indica que estuvo expuesta durante mucho tiempo.
Rasgos del estilo
- Desnudo heroico y anatomía naturalista.
- Contrapposto, con el peso sobre una pierna y la otra relajada.
- Rostros graves y concentrados, propios del estilo severo y del primer clasicismo.
- Composición abierta, pensada para varios puntos de vista.
- Incrustaciones de distintos materiales para dar color y vida.
- Bronce como material, que permite un modelado muy detallado.
Obras relacionadas
Junto al Auriga de Delfos y el Poseidón del cabo Artemisio, los Bronces de Riace forman el trío de grandes bronces originales del siglo V a. C. Frente al Auriga, vestido y casi frontal, y al dios de Artemisio, en plena acción, los guerreros de Riace muestran el cuerpo en reposo con un contrapposto ya maduro. Ese esquema se fijará como canon en el Doríforo de Policleto, hacia el 440 a. C. La comparación con el Kouros de Anavyssos, frontal y con el peso repartido, muestra el salto que se produce en menos de un siglo. Para el cuerpo masculino en movimiento puede verse el Discóbolo de Mirón, de la misma época.
Conclusión
Los Bronces de Riace son dos obras excepcionales de la escultura griega del siglo V a. C. y uno de los hallazgos arqueológicos más importantes del siglo XX. Su conservación permite apreciar lo que casi siempre se ha perdido: la calidad del bronce original, la riqueza de las incrustaciones y el efecto de color que tenían estas obras. Desde el punto de vista estilístico, muestran el paso del estilo severo al clasicismo, con un contrapposto plenamente desarrollado, una anatomía naturalista y rostros graves que expresan el ideal heroico griego. Que todavía no sepamos quiénes son ni quién los hizo no resta valor a la obra; al contrario, la convierte en uno de los grandes enigmas del arte antiguo.
Bibliografía
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Ridgway, B. S. (1981). Fifth Century Styles in Greek Sculpture. Princeton: Princeton University Press.
Mattusch, C. C. (1988). Greek Bronze Statuary: From the Beginnings through the Fifth Century B.C. Ithaca: Cornell University Press.
Stewart, A. (1990). Greek Sculpture: An Exploration. New Haven: Yale University Press.
Neer, R. (2010). The Emergence of the Classical Style in Greek Sculpture. Chicago: University of Chicago Press.
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