A pocos kilómetros de Tarragona, escondido en un barranco entre pinos, se levanta un puente de piedra de dos pisos que la tradición popular atribuyó al mismísimo diablo. Es el acueducto de las Ferreras, conocido como Puente del Diablo, uno de los acueductos romanos mejor conservados de la península ibérica y parte del conjunto arqueológico de Tarraco, Patrimonio de la Humanidad. ¿Cómo llevaban los romanos el agua a su capital provincial y qué tiene que ver el diablo con todo esto? Lo explicamos en este comentario completo.
Ficha técnica
| Obra | Acueducto de las Ferreras (Aqüeducte de les Ferreres) o Puente del Diablo |
| Ciudad | Tarraco (Tarragona), capital de la Hispania Citerior |
| Cronología | Probablemente época de Augusto (finales del siglo I a. C. o inicios del I d. C.) |
| Estilo | Arquitectura e ingeniería romana |
| Materiales | Sillares de piedra caliza unidos en seco (opus quadratum) |
| Dimensiones | Arquería de unos 217 m de longitud y hasta 27 m de altura |
| Estructura | Dos pisos de arcos: 11 en el inferior y 25 en el superior |
| Protección | Patrimonio de la Humanidad (conjunto arqueológico de Tarraco, 2000) |

Clasificación del acueducto de las Ferreras
El acueducto de las Ferreras es una obra de ingeniería hidráulica romana: el tramo elevado de una de las conducciones que abastecían de agua a Tarraco. La conducción captaba el agua del río Francolí, aguas arriba de la ciudad, y la llevaba por un canal que avanzaba casi siempre a ras de suelo o excavado en el terreno. Solo al llegar al barranco de las Ferreras, a unos cuatro kilómetros del centro de la actual Tarragona, el canal tenía que elevarse sobre dos pisos de arcos para salvar el desnivel.
No hay una inscripción que lo feche, pero se suele atribuir a la época de Augusto, cuando Tarraco se convirtió en capital de la Hispania Citerior y recibió grandes obras públicas. Algunos autores han propuesto una fecha algo posterior, dentro del siglo I d. C. Fue declarado monumento nacional en 1905 y forma parte del conjunto arqueológico de Tarraco, inscrito por la UNESCO en el año 2000.
Análisis formal
La estructura se compone de dos pisos de arcos de medio punto superpuestos. El inferior tiene 11 arcos y el superior 25; la diferencia se debe a que el piso bajo solo ocupa el fondo del barranco, mientras que el alto se extiende de un lado a otro del valle. Los arcos tienen todos aproximadamente la misma luz, unos veinte pies romanos, y los pilares del piso superior se colocan sobre los del inferior, de modo que las cargas bajan en vertical hasta el suelo. El resultado es una composición muy regular, en la que la repetición de un mismo módulo crea un ritmo sereno.
El acueducto está construido con grandes sillares de caliza bien escuadrados, unidos en seco, sin argamasa. Los pilares tienen impostas salientes que marcan el arranque de los arcos y articulan su perfil. En lo alto corre el specus, el canal por el que circulaba el agua, que mantiene una pendiente muy suave para que el flujo fuera constante.

Su aspecto recuerda al del acueducto de Segovia y al Pont du Gard, en la Galia, con los que comparte el uso de la sillería en seco y la superposición de arquerías. Es más pequeño que ellos, pero su estado de conservación es excelente y permite recorrer el canal superior de un extremo a otro, algo que ayuda a entender cómo funcionaba un acueducto romano.
Comentario: contexto, función y estilo
Contexto histórico y artístico
Tarraco nació como campamento militar de los Escipiones durante la segunda guerra púnica y se convirtió en una de las ciudades más importantes de Hispania. Augusto residió en ella durante las guerras cántabras y la convirtió en capital de la Hispania Citerior Tarraconense. La ciudad se dotó entonces de un gran recinto de culto imperial, un foro provincial, un circo, un teatro y, más tarde, un anfiteatro. Para abastecer a una población creciente y a sus termas y fuentes públicas, era imprescindible traer agua desde lejos, y para ello se construyeron acueductos como el de las Ferreras.
Función y significado
El acueducto respondía a necesidades prácticas, pero también tenía un fuerte valor simbólico:
- Abastecimiento urbano: llevaba el agua del Francolí a Tarraco para fuentes, termas y casas.
- Ingeniería de precisión: el canal mantenía una pendiente mínima y continua a lo largo de muchos kilómetros, y la arquería permitía cruzar el barranco sin perder nivel.
- Romanización: el agua corriente abundante era uno de los rasgos que definían la ciudad romana frente a las comunidades indígenas.
- Imagen del poder: una obra pública de tal tamaño demostraba la capacidad técnica y la generosidad del poder imperial.
Rasgos del estilo
El acueducto de las Ferreras es un ejemplo del sentido práctico de la arquitectura romana, que aplica el arco de medio punto a las obras de ingeniería. Su belleza no procede de la decoración, que casi no existe, sino de la claridad de la estructura: la superposición de dos arquerías, la repetición regular de un mismo vano y la calidad de la sillería en seco, que se sostiene únicamente por el peso y el ajuste de las piedras. Es una arquitectura en la que forma y función coinciden.
Al mismo tiempo, la obra refleja el clasicismo de la época de Augusto, basado en la proporción y la regularidad. Las impostas y la relación entre la altura de los pisos y la anchura de los arcos muestran que los ingenieros romanos no se limitaban a resolver un problema técnico, sino que cuidaban también la imagen del monumento en el paisaje. Su nombre popular procede de una leyenda según la cual el diablo lo construyó en una sola noche a cambio del alma del primero que lo cruzara, y fue burlado cuando los vecinos hicieron pasar primero a un animal.
Obras relacionadas
El gran referente de los acueductos hispanos es el acueducto de Segovia, y en Mérida se conserva el acueducto de los Milagros, de aparejo muy distinto. En el entorno de Tarraco se encuentra también el arco de Bará, sobre la Vía Augusta, y entre las grandes obras de ingeniería romana destaca el puente de Alcántara.
Conclusión
El acueducto de las Ferreras o Puente del Diablo es el tramo elevado de una conducción que llevaba el agua del Francolí a Tarraco. Sus dos pisos de arcos de sillería en seco, probablemente de época de Augusto, muestran el dominio romano del arco de medio punto y la precisión de su ingeniería hidráulica. Por su excelente conservación y su integración en el conjunto de Tarraco, es uno de los mejores ejemplos para comprender cómo la ingeniería romana transformó las ciudades de Hispania.
Preguntas frecuentes sobre el acueducto de las Ferreras
¿Por qué se llama Puente del Diablo?
Por una leyenda según la cual el diablo lo construyó en una noche a cambio del alma del primero que lo cruzara, pero los vecinos lo engañaron haciendo pasar primero a un animal.
¿De dónde traía el agua?
Del río Francolí, aguas arriba de Tarragona, mediante un canal que en la mayor parte de su recorrido iba a ras de suelo.
¿Cuántos arcos tiene?
Tiene dos pisos: 11 arcos en el inferior y 25 en el superior.
¿Qué mide el acueducto de las Ferreras?
Su arquería tiene unos 217 metros de longitud y alcanza unos 27 metros de altura máxima.
¿Cómo se sostienen las piedras?
Son sillares de caliza unidos en seco, sin argamasa, que se mantienen por su propio peso y por su ajuste preciso.
Bibliografía
Dupré i Raventós, X. (ed.) (2004). Las capitales provinciales de Hispania 3. Tarragona. Colonia Iulia Urbs Triumphalis Tarraco. Roma: L’Erma di Bretschneider.
Fernández Casado, C. (1972). Acueductos romanos en España. Madrid: Instituto Eduardo Torroja.
Hodge, A. T. (1992). Roman Aqueducts and Water Supply. Londres: Duckworth.
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