La Dama de Baza es una de las pocas grandes esculturas ibéricas halladas en su contexto original: apareció en 1971 dentro de una tumba, sentada en su trono, con sus colores todavía visibles y rodeada de vasijas y armas. Esa tumba guardaba, además, las cenizas de un difunto en el interior de la propia estatua. ¿A quién representa, por qué la acompañaban armas y qué nos dice sobre las creencias de los íberos? Lo explicamos en este comentario completo.
Ficha técnica
| Obra | Dama de Baza |
| Autor | Anónimo (taller ibérico de la Bastetania) |
| Cronología | Primera mitad del siglo IV a. C. |
| Estilo | Escultura ibérica |
| Material | Piedra caliza estucada y policromada |
| Altura | Aproximadamente 1,30 m |
| Procedencia | Necrópolis del Cerro del Santuario, Basti (Baza, Granada), tumba 155 |
| Ubicación | Museo Arqueológico Nacional, Madrid |

Clasificación de la Dama de Baza
La Dama de Baza es una escultura funeraria de la cultura ibérica, fechada en la primera mitad del siglo IV a. C. Fue descubierta el 20 de julio de 1971 por el equipo del arqueólogo Francisco Presedo en la necrópolis del Cerro del Santuario, junto a la antigua ciudad de Basti, la actual Baza (Granada), capital de los bastetanos. Se encontraba en el interior de una cámara funeraria, la tumba 155, acompañada de su ajuar, lo que la convierte en un documento arqueológico excepcional. Desde ese mismo año se conserva en el Museo Arqueológico Nacional, y en Baza se expone una réplica.
Como el resto de la escultura ibérica, es anónima. Fue tallada en piedra caliza, cubierta después con una fina capa de estuco y pintada, y es la escultura ibérica que mejor ha conservado su policromía. Su hallazgo en contexto permitió fecharla a partir de la tumba y de su ajuar, algo que no ha sido posible en otras obras como la Dama de Elche, aparecida de forma casual.
Análisis formal
La escultura representa a una mujer sentada en un trono de respaldo alto, con dos grandes orejeras o alas laterales. Apoya los pies, calzados, sobre un escabel o cojín, y sostiene un pájaro, probablemente una paloma, en la mano izquierda. Viste una túnica larga y un amplio manto que le cubre la cabeza y cae a ambos lados del cuerpo. Lleva grandes pendientes y varios collares superpuestos con colgantes. El rostro, de rasgos firmes y mirada fija, transmite seriedad y dignidad.
La composición obedece a una estricta frontalidad y simetría, con un esquema cerrado y hierático que recuerda a las divinidades sedentes del Mediterráneo oriental. La policromía es excepcional: se conservan el azul del manto, los rojos de las orlas y del trono, y los blancos y ocres de la túnica, que dibujan motivos geométricos y bandas de colores. Estos colores nos recuerdan que la escultura antigua, ibérica, griega o fenicia, estaba pintada.

En el lado derecho del trono hay una cavidad en la que se depositaron los restos cremados del difunto: la estatua funcionaba, por tanto, como urna funeraria. Junto a ella, el ajuar incluía vasijas pintadas, ánforas y cuatro conjuntos de armas o panoplias de guerrero. Esta combinación ha generado un debate sobre el sexo del individuo enterrado: el estudio antropológico de los huesos los atribuyó a una mujer, pero la presencia de armas, propias de los ajuares masculinos, llevó a algunos investigadores a dudar. Hoy se suele pensar que se trata de una mujer de muy alto rango, y que las armas expresan el prestigio guerrero de su linaje más que un uso personal, aunque la cuestión sigue abierta.

Comentario: contexto, función y estilo
Contexto histórico y artístico
Los íberos ocuparon el sur y el levante de la península entre los siglos VI y I a. C. Su sociedad estaba dominada por aristocracias guerreras que gobernaban ciudades fortificadas y que mantuvieron contactos con fenicios, griegos y cartagineses, de quienes tomaron objetos de lujo, técnicas e ideas religiosas. En el siglo IV a. C., la Bastetania, con capital en Basti, era una región próspera situada en una encrucijada de caminos entre la Alta Andalucía y el sureste. Sus necrópolis, con tumbas de cámara y ricos ajuares, reflejan una sociedad muy jerarquizada en la que la élite utilizaba la escultura para mostrar su poder.
Función y significado
La Dama de Baza tenía varios significados:
- Funeraria: su cavidad lateral sirvió de urna para las cenizas del difunto, y la estatua presidía la cámara funeraria.
- Religiosa: el trono alado, la paloma y la actitud hierática han hecho pensar en una diosa, quizá vinculada a divinidades femeninas como Astarté o Tanit, por sincretismo con el mundo fenicio y púnico.
- Representación aristocrática: si es la imagen heroizada de la difunta, muestra a una dama de la élite con sus joyas y su rico vestido.
- Protectora: como imagen sagrada, acompañaba y protegía al difunto en su tránsito al más allá.
Rasgos del estilo
La escultura ibérica se caracteriza por la frontalidad, la simetría, el gusto por el detalle de joyas y vestidos y un equilibrio entre idealización y abstracción. Trabajó sobre todo la piedra caliza, el bronce y la terracota, y adaptó modelos orientales y griegos a las necesidades de su aristocracia. La Dama de Baza responde plenamente a estos rasgos: su esquema sedente y hierático procede de modelos orientales y griegos, pero el atuendo, las joyas y el trono son de tradición ibérica.
Comparada con la Dama de Elche, su modelado es más rotundo y menos refinado, con volúmenes amplios y simplificados, pero su policromía la hace única. Ambas comparten el carácter funerario y la mezcla de lo divino y lo aristocrático, y muestran la importancia de la mujer en la representación del poder de las élites ibéricas.
Obras relacionadas
La comparación obligada es con la Dama de Elche, que también se usó como urna. La escultura funeraria ibérica incluye monumentos como el de Pozo Moro y figuras protectoras de animales como la Leona de La Rambla o la Bicha de Balazote. Las armas del ajuar remiten al mundo guerrero que refleja el Cornicén de Osuna.
Conclusión
La Dama de Baza es una obra clave de la escultura ibérica por su excepcional policromía y, sobre todo, porque se halló intacta en su tumba. Su frontalidad, su simetría y su carácter hierático, la cavidad que guardaba las cenizas y el ajuar con armas nos permiten entender cómo las élites ibéricas del siglo IV a. C. unían religión, muerte y prestigio social.
Preguntas frecuentes sobre la Dama de Baza
¿Qué es la Dama de Baza?
Una escultura funeraria ibérica de piedra caliza estucada y policromada que representa a una mujer sentada en un trono. Se fecha en la primera mitad del siglo IV a. C.
¿Dónde y cuándo se encontró la Dama de Baza?
En 1971, en la tumba 155 de la necrópolis del Cerro del Santuario, junto a la antigua Basti (Baza, Granada), durante las excavaciones dirigidas por Francisco Presedo.
¿Para qué servía la cavidad del trono?
En la cavidad del lado derecho se depositaron los restos cremados del difunto, de modo que la escultura funcionaba como urna funeraria.
¿Por qué había armas en la tumba de la Dama de Baza?
El ajuar incluía cuatro panoplias de guerrero. Por eso se ha debatido el sexo del difunto; hoy se suele pensar que era una mujer de alto rango y que las armas expresan el prestigio de su linaje.
¿Dónde se puede ver la Dama de Baza?
En el Museo Arqueológico Nacional de Madrid, junto al ajuar de su tumba. En Baza se expone una réplica.
Bibliografía
Bendala Galán, M. (2000). Tartesios, iberos y celtas. Madrid: Temas de Hoy.
Chapa Brunet, T. e Izquierdo Peraile, I. (eds.) (2010). La Dama de Baza: un viaje femenino al más allá. Madrid: Ministerio de Cultura.
Presedo Velo, F. J. (1973). La necrópolis de Baza. Madrid: Ministerio de Educación y Ciencia (Excavaciones Arqueológicas en España, 119).
Ruiz, A. y Molinos, M. (1993). Los iberos: análisis arqueológico de un proceso histórico. Barcelona: Crítica.
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