Tras el gran incendio que arrasó Roma en el año 64 d. C., Nerón ocupó el corazón de la ciudad para levantar un palacio inmenso, con jardines, viñedos, bosques y un lago artificial. La Domus Aurea, la «Casa Dorada», escandalizó a los romanos y fue enterrada pocos años después de la muerte del emperador. Paradójicamente, ese entierro la salvó, y su redescubrimiento en el Renacimiento cambió la decoración europea. ¿Qué tenía de revolucionario este palacio y por qué sus pinturas dieron nombre a los «grutescos»? Lo explicamos en este comentario completo.
Ficha técnica
| Obra | Domus Aurea («Casa Dorada») |
| Promotor | Emperador Nerón |
| Arquitectos | Severo y Céler, según Tácito; pintor Fábulo (o Famulo), según Plinio el Viejo |
| Cronología | 64-68 d. C. |
| Estilo | Arquitectura romana del Alto Imperio; pintura del IV estilo pompeyano |
| Materiales | Hormigón revestido de ladrillo; mármoles, estucos, pinturas y dorados |
| Ubicación | Roma; se conserva el pabellón del Esquilino, en el Colle Oppio |

Clasificación de la Domus Aurea
La Domus Aurea es un palacio imperial de la arquitectura romana del Alto Imperio, construido por orden de Nerón (54-68 d. C.) entre el incendio del año 64 y su muerte en el 68. Tácito atribuye el proyecto a los arquitectos e ingenieros Severo y Céler, y Plinio el Viejo cuenta que el pintor Fábulo trabajó en ella tanto tiempo que el palacio se convirtió en «la cárcel de su arte».
No era un edificio único, sino un conjunto de pabellones y jardines que se extendía entre el Palatino, el Esquilino y el Celio, con un lago artificial en el valle donde después se alzaría el Coliseo y una estatua colosal del emperador en el vestíbulo. Hoy solo se conserva, bajo tierra, el pabellón del Esquilino, con más de un centenar de salas. Sus pinturas pertenecen al IV estilo pompeyano, y su descubrimiento a finales del siglo XV dio origen a la decoración de grutescos del Renacimiento.
Análisis formal
El pabellón conservado se organiza a lo largo de una fachada orientada al sur, abierta a los jardines y al lago, con salas, patios y ninfeos dispuestos a ambos lados de un gran espacio central. Sus salas se cubren con bóvedas de cañón y de arista de hormigón, y algunas, como la llamada Bóveda Dorada, conservaban una rica decoración de estucos, pinturas y oro. Las fuentes describen además un lujo que no ha llegado hasta nosotros: techos de marfil que se abrían para dejar caer flores y perfumes, baños con agua de mar y de manantiales sulfurosos y un comedor circular que giraba día y noche como el cielo.
El espacio más innovador es la sala octogonal. Es una sala de ocho lados cubierta por una cúpula de hormigón con un gran óculo central. Cinco de sus lados se abren a salas radiales, que reciben luz indirecta a través de aberturas situadas por encima de la cúpula, en el espacio entre esta y las bóvedas de las salas vecinas. El resultado es un espacio centralizado, unitario y bañado de luz, en el que la cubierta deja de apoyarse visiblemente en muros macizos. Muchos historiadores la consideran el punto de partida de la «revolución arquitectónica» romana que culminará en el Panteón.

Las pinturas murales pertenecen al IV estilo pompeyano, también llamado ilusionista o fantástico. Sobre fondos claros, sobre todo blancos, se distribuyen arquitecturas ligeras e imposibles, candelabros, guirnaldas, figuras fantásticas, animales y pequeños cuadros con escenas mitológicas. Los techos combinan pintura y estuco en relieve dentro de compartimentos geométricos. Es una decoración que no imita materiales nobles, como el I estilo, ni abre perspectivas creíbles, como el II, sino que crea un mundo decorativo libre y fantasioso.

Comentario: contexto, función y estilo
Contexto histórico y artístico
Nerón, último emperador de la dinastía Julio-Claudia, cultivó una imagen de príncipe artista, amante de la música, el teatro y la cultura griega, y gobernó de forma cada vez más autoritaria. El incendio del año 64 destruyó buena parte de Roma y le permitió apropiarse de un enorme espacio en el centro de la ciudad, lo que alimentó la sospecha de que él mismo lo había provocado. Tras su suicidio en el 68, los emperadores Flavios devolvieron ese terreno al pueblo: Vespasiano desecó el lago y construyó en su lugar el Coliseo. Después de otro incendio, Trajano levantó sus termas sobre el pabellón del Esquilino, cuyas salas se rellenaron de tierra para servir de cimientos.
Función y significado
El palacio tenía una carga ideológica muy clara:
- Residencia del emperador: Suetonio cuenta que, al inaugurarla, Nerón dijo que por fin empezaba a vivir como un ser humano.
- Villa en plena ciudad: trasladaba al centro de Roma el modelo de la villa de campo, con jardines, viñedos y animales, algo que los romanos vivieron como un abuso.
- Exaltación del príncipe: el coloso del vestíbulo y la imagen del emperador como Sol o Apolo presentaban a Nerón como un soberano casi divino.
- Laboratorio artístico: sus espacios abovedados y su decoración pintada marcaron el camino de la arquitectura y la pintura romanas posteriores.
Rasgos del estilo
La arquitectura romana se caracteriza por su dominio del hormigón y de las cubiertas abovedadas, que le permitieron concebir el edificio desde el espacio interior. La Domus Aurea es uno de los momentos clave de esa evolución: en la sala octogonal la cúpula, el óculo y la luz indirecta crean un espacio continuo y envolvente, en el que la masa del muro se disimula. Es el mismo camino que seguirán el Panteón de Adriano y las grandes salas de las termas imperiales.
En la decoración, la Domus Aurea representa el gusto refinado y teatral de época de Nerón, con un IV estilo de fondos claros, arquitecturas fantásticas y una mezcla de pintura, estuco y oro. Ese repertorio tuvo una segunda vida extraordinaria. Hacia 1480 se descubrieron sus salas enterradas, que se tomaron por grutas; artistas como Pinturicchio, Rafael y Giovanni da Udine bajaron con cuerdas y antorchas para copiarlas, y de esas «grutas» procede el nombre de los grutescos, que decoraron las logias del Vaticano y buena parte de los palacios europeos.
Obras relacionadas
El camino abierto por la sala octogonal culmina en el Panteón. Sobre el lago de Nerón se levantó el Coliseo, y otra gran residencia imperial es la Villa Adriana. Para la pintura romana, pueden compararse las de la casa de los Vettii en Pompeya, también del IV estilo, y las de la Villa de los Misterios, del II estilo.
Conclusión
La Domus Aurea fue el palacio más ambicioso de la Roma imperial y el símbolo del gobierno de Nerón, tanto de su gusto artístico como de sus excesos. Su sala octogonal anuncia la arquitectura de espacios centralizados y cubiertas de hormigón que culminará en el Panteón, y sus pinturas del IV estilo, redescubiertas en el Renacimiento, dieron origen a los grutescos. Enterrada por sus sucesores para borrar su memoria, sobrevivió precisamente gracias a ese olvido.
Preguntas frecuentes sobre la Domus Aurea
¿Qué significa Domus Aurea?
Significa «Casa Dorada», por el lujo de su decoración, con oro, piedras preciosas, marfil y mármoles.
¿Quién construyó la Domus Aurea?
La mandó construir Nerón tras el incendio de Roma del 64 d. C. Tácito atribuye el proyecto a los arquitectos Severo y Céler.
¿Qué es la sala octogonal de la Domus Aurea?
Una sala de ocho lados cubierta con una cúpula de hormigón con óculo, rodeada de salas iluminadas de forma indirecta. Es una de las grandes innovaciones de la arquitectura romana.
¿Qué estilo tienen sus pinturas?
Pertenecen al IV estilo pompeyano, con fondos claros, arquitecturas fantásticas, figuras y pequeños cuadros mitológicos.
¿Por qué se relaciona la Domus Aurea con los grutescos?
Porque sus salas enterradas se descubrieron hacia 1480 y se tomaron por grutas; la decoración copiada de ellas por los artistas del Renacimiento se llamó grutesco.
Bibliografía
Ball, L. F. (2003). The Domus Aurea and the Roman Architectural Revolution. Cambridge: Cambridge University Press.
Dacos, N. (1969). La découverte de la Domus Aurea et la formation des grotesques à la Renaissance. Londres: The Warburg Institute.
Ling, R. (1991). Roman Painting. Cambridge: Cambridge University Press.
MacDonald, W. L. (1965). The Architecture of the Roman Empire, I: An Introductory Study. New Haven: Yale University Press.
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