San Julián de los Prados. Comentario

A las afueras del Oviedo del siglo IX, junto a los prados que le dan nombre, el rey Alfonso II mandó levantar una gran iglesia dedicada a los mártires Julián y Basilisa. San Julián de los Prados, conocida popularmente como Santullano, es la mayor iglesia prerrománica conservada en Asturias y guarda en su interior el conjunto de pintura mural altomedieval más extenso de la península ibérica, en el que no aparece ni una sola figura humana. ¿Por qué una iglesia real se decoró solo con arquitecturas pintadas y cruces? Lo explicamos en este comentario completo.

Ficha técnica

ObraIglesia de San Julián de los Prados (Santullano)
AutorAnónimo (la tradición la atribuye a Tioda, arquitecto de Alfonso II)
CronologíaPrimer tercio del siglo IX, reinado de Alfonso II (791-842)
EstiloPrerrománico asturiano, etapa de Alfonso II
MaterialesMampostería; pintura mural al fresco sobre enlucido
TipologíaBasílica de tres naves con transepto inscrito y cabecera de tres capillas
UbicaciónOviedo (Asturias)
ProtecciónPatrimonio de la Humanidad (UNESCO, ampliación de 1998)
San Julián de los Prados: exterior de la iglesia prerrománica asturiana de Santullano con sus volúmenes escalonados
Exterior de San Julián de los Prados (Santullano), Oviedo. Foto: D.Rovchak, CC BY-SA 4.0, Wikimedia Commons.

Clasificación de San Julián de los Prados

San Julián de los Prados es una iglesia del prerrománico asturiano construida durante el reinado de Alfonso II el Casto (791-842), el monarca que fijó la corte en Oviedo y dotó a la ciudad de iglesias, palacios y murallas. Formaba parte de una fundación regia situada a poca distancia de la ciudad, y es el edificio mejor conservado de esta primera etapa del arte asturiano, anterior a las obras de Ramiro I en el monte Naranco. Su fecha se deduce del contexto histórico y de su estilo, y suele situarse en el primer tercio del siglo IX.

Es la iglesia prerrománica asturiana de mayor tamaño que ha llegado a nosotros y destaca tanto por su arquitectura como por su pintura mural, redescubierta bajo capas de cal a comienzos del siglo XX. En 1998 se incorporó, junto con la Cámara Santa de la catedral de Oviedo y la fuente de La Foncalada, al conjunto declarado Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO en 1985, que pasó a denominarse Monumentos de Oviedo y del Reino de Asturias.

Análisis formal

La iglesia tiene planta basilical de tres naves, separadas por arcos de medio punto sobre pilares cuadrados y cubiertas con techumbre de madera. Al final de las naves se dispone un amplio transepto, más alto y más ancho que la nave central, que no sobresale en planta de los muros laterales, es decir, un transepto inscrito. A los pies se abre un vestíbulo o pórtico de entrada. La sucesión de volúmenes escalonados, cada uno con su propio tejado, es muy visible desde el exterior.

La cabecera está formada por tres capillas de planta rectangular, cubiertas con bóveda de cañón, que se abren al transepto mediante arcos. La capilla central es algo mayor que las laterales. Sobre ella existe una pequeña cámara sin acceso desde el interior de la iglesia, iluminada por una ventana de tres vanos abierta en el muro oriental, cuya función se discute: se ha pensado en un lugar para guardar reliquias o tesoros. La separación entre el transepto y las capillas acentúa la jerarquía del espacio: las naves para los fieles, el transepto como espacio intermedio, quizá con un lugar reservado al rey, y las capillas para el altar.

San Julián de los Prados, interior: arcos de acceso a las capillas de la cabecera desde el transepto, con restos de pintura mural
Arcos de acceso a las capillas de la cabecera desde el transepto. Foto: Enric, CC BY-SA 4.0, Wikimedia Commons.

Lo más extraordinario del edificio es su pintura mural, que cubría todo el interior. Se organiza en registros horizontales: en la parte baja, imitaciones de placas de mármol; por encima, arquitecturas pintadas con columnas, frontones, cortinajes y edificios en perspectiva, que crean la ilusión de que los muros se abren a otros espacios. Es una pintura ilusionista, heredera directa de la pintura mural romana. Además, es anicónica, porque no representa figuras humanas ni escenas narrativas: el único motivo simbólico es la cruz, de la que cuelgan las letras alfa y omega, situada en lugares destacados del transepto.

San Julián de los Prados, pintura mural con arquitecturas fingidas en el muro del transepto sobre el arco de la capilla central
Pintura mural del transepto, con arquitecturas fingidas de tradición romana. Foto: Enric, CC BY-SA 4.0, Wikimedia Commons.

Las pinturas fueron estudiadas de forma decisiva por Helmut Schlunk y Magín Berenguer a mediados del siglo XX, que subrayaron su vinculación con la tradición romana tardía. En extensión y en calidad, solo pueden compararse en Europa con conjuntos como el de San Juan de Müstair, en Suiza, de época carolingia.

Comentario: contexto, función y estilo

Contexto histórico y artístico

Tras la conquista musulmana del 711, el reino de Asturias pasó de ser un pequeño núcleo de resistencia a convertirse en una monarquía organizada. Alfonso II (791-842) fue su gran impulsor: estableció la corte en Oviedo y, según la Crónica Albeldense, restableció en la ciudad el orden de los godos tal como había existido en Toledo, tanto en la Iglesia como en el palacio. En su reinado se descubrió el sepulcro atribuido al apóstol Santiago en Galicia, y el rey mantuvo contactos con la corte de Carlomagno. Las construcciones de Oviedo, de las que San Julián de los Prados es la más completa, debían dar forma visible a esa nueva capital que se presentaba como heredera de Toledo.

Función y significado

La iglesia y su decoración tenían varios significados:

  • Fundación regia: era una iglesia promovida por el rey junto a una residencia suburbana, y expresaba la piedad y el poder del monarca.
  • Liturgia hispana: la división en naves, transepto y capillas permitía separar el espacio de los fieles del clero y del altar, como exigía el rito hispano.
  • Imagen del cielo: las arquitecturas pintadas se han interpretado como una evocación de la Jerusalén celestial o de los palacios del paraíso, un espacio ideal que envolvía al fiel.
  • Triunfo de la cruz: la cruz con el alfa y la omega, símbolo de Cristo principio y fin de todas las cosas, presidía el templo y enlazaba con la devoción a la cruz del reino, visible en la Cruz de los Ángeles donada por Alfonso II.

Rasgos del estilo

El arte de la época de Alfonso II combina la herencia visigoda y tardorromana con una clara voluntad de restauración del pasado toledano. En arquitectura usa plantas basilicales, cabeceras tripartitas rectas, cubiertas de madera en las naves y bóveda solo en las capillas. San Julián de los Prados es el mejor ejemplo de este primer momento: la planta basilical con transepto y la cabecera de tres capillas abovedadas muestran una arquitectura todavía no completamente abovedada, a diferencia de lo que ocurrirá después en el Naranco.

Su pintura, en cambio, revela la amplitud de horizontes de la corte de Oviedo. La técnica ilusionista y el repertorio de arquitecturas fingidas proceden de la pintura romana, que se conocía en la península a través de edificios tardoantiguos, mientras que la ausencia de imágenes humanas se ha relacionado con la tradición hispana, recelosa de las imágenes en los templos, y con los debates sobre el culto a las imágenes de la época. Esta mezcla de recuerdo romano, tradición hispana y contactos con el mundo carolingio es característica del arte asturiano.

Obras relacionadas

La etapa siguiente del prerrománico asturiano, la de Ramiro I, se aprecia en Santa María del Naranco, San Miguel de Lillo y Santa Cristina de Lena, y la última en San Salvador de Valdediós, que repite el modelo basilical. El gusto por la decoración que envuelve todo el templo tiene precedentes tardoantiguos como el mausoleo de Gala Placidia.

Conclusión

San Julián de los Prados es la gran obra conservada de la época de Alfonso II y el mejor testimonio del Oviedo que quiso ser heredero de Toledo. Su planta basilical de tres naves con transepto inscrito y cabecera de tres capillas abovedadas define el primer momento del prerrománico asturiano, y su pintura mural, ilusionista y anicónica, con arquitecturas fingidas y cruces, es un conjunto único en la Europa de su tiempo. Por ello se incorporó en 1998 al conjunto de Monumentos de Oviedo y del Reino de Asturias declarado Patrimonio de la Humanidad.

Preguntas frecuentes sobre San Julián de los Prados

¿Por qué se llama Santullano?

Es el nombre popular de la iglesia, que deriva de San Julián, uno de los dos mártires a los que está dedicada, junto con santa Basilisa.

¿Quién construyó San Julián de los Prados?

Fue una fundación del rey Alfonso II el Casto (791-842). La tradición atribuye la obra a su arquitecto Tioda, aunque no es seguro.

¿Cómo es la planta de San Julián de los Prados?

Es una basílica de tres naves con un transepto alto e inscrito y una cabecera de tres capillas rectangulares cubiertas con bóveda de cañón.

¿Qué tienen de especial sus pinturas?

Forman el mayor conjunto de pintura mural altomedieval de la península. Son ilusionistas, con arquitecturas fingidas de tradición romana, y anicónicas: no hay figuras humanas, solo cruces y motivos arquitectónicos.

¿Desde cuándo es Patrimonio de la Humanidad?

Desde 1998, cuando la UNESCO amplió el conjunto declarado en 1985 con la Cámara Santa, San Julián de los Prados y La Foncalada.

Bibliografía

Arias Páramo, L. (1993). Prerrománico asturiano: el arte de la monarquía asturiana. Gijón: Trea.

Bango Torviso, I. G. (2001). Arte prerrománico hispano: el arte en la España cristiana de los siglos VI al XI (Summa Artis, VIII-II). Madrid: Espasa Calpe.

Dodds, J. D. (1990). Architecture and Ideology in Early Medieval Spain. University Park: Pennsylvania State University Press.

Fontaine, J. (1973). L’art préroman hispanique I. La Pierre-qui-Vire: Zodiaque.


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