La tumba de Darío I está excavada en lo alto de un acantilado de Naqsh-i-Rustam, cerca de Persépolis, y su fachada en forma de gran cruz se ve desde lejos en la pared de roca. En el centro, el escultor reprodujo la fachada de un palacio con columnas, y encima colocó al rey ante el fuego sagrado, sostenido por los pueblos de su imperio. ¿Por qué los reyes persas abandonaron la tumba exenta de Ciro para enterrarse dentro de la montaña? Lo explicamos en este comentario completo.
Ficha técnica
| Obra | Tumba de Darío I |
| Promotor | Darío I (522-486 a. C.) |
| Cronología | Finales del siglo VI o comienzos del V a. C. |
| Estilo | Arte persa aqueménida |
| Material y técnica | Hipogeo excavado en la roca caliza; fachada tallada en relieve |
| Tipología | Tumba rupestre con fachada cruciforme |
| Inscripciones | En persa antiguo, elamita y babilonio (conocidas como DNa y DNb, entre otras) |
| Ubicación | Naqsh-i-Rustam, al noroeste de Persépolis, provincia de Fars (Irán) |

Clasificación de la tumba de Darío I
La tumba de Darío I es un hipogeo o tumba rupestre del arte persa aqueménida, que combina arquitectura excavada y relieve. Es la única de las tumbas reales de Naqsh-i-Rustam que se identifica con seguridad, gracias a sus inscripciones. En el mismo acantilado se abren otras tres tumbas idénticas, que se atribuyen, por hipótesis, a Jerjes I, Artajerjes I y Darío II. Los reyes posteriores, Artajerjes II y Artajerjes III, se hicieron tumbas del mismo tipo en la ladera de la montaña que domina Persépolis.
Darío I mandó tallar su tumba en vida, probablemente en los últimos años del siglo VI o los primeros del V a. C., y fue enterrado en ella tras su muerte en el 486 a. C. Las inscripciones de la fachada recogen su genealogía, la lista de los pueblos de su imperio y una especie de testamento político en el que el rey describe sus virtudes.
Análisis formal
La fachada, de más de veinte metros de altura, tiene forma de cruz griega, con un brazo horizontal más ancho y tres registros superpuestos. El registro inferior quedó liso. El central, el brazo horizontal de la cruz, reproduce en relieve la fachada de un palacio aqueménida: un pórtico de cuatro columnas adosadas con capiteles de doble prótomo de toro, que sostienen un entablamento con las cabezas de las vigas de madera imitadas en la piedra. En el centro se abre la puerta, coronada por una moldura de gola de origen egipcio, que da paso al interior.

En el registro superior aparece la gran escena del culto real. Dos filas de figuras, que representan a unos treinta pueblos del imperio identificados por su vestido y por breves inscripciones, levantan con los brazos un gran trono o estrado. Sobre él, el rey, de perfil y sobre una plataforma de tres gradas, apoya un arco en el suelo y alza la mano derecha en gesto de oración ante un altar de fuego. Encima flota una figura humana dentro de un disco alado, que tradicionalmente se identifica con Ahuramazda, aunque algunos autores prefieren verla como un símbolo de la gloria real, y en una esquina se ve un disco con creciente lunar. A los lados, en relieves más pequeños, figuran los portadores de las armas del rey y sus guardias.
El interior es sencillo en comparación con la fachada: un vestíbulo alargado excavado en la roca, del que parten varios nichos abovedados con fosas talladas en el suelo para los sarcófagos del rey y de miembros de su familia. Frente al acantilado se alza una torre de piedra, la llamada Kaba-i Zardusht, cuya función, quizá religiosa o funeraria, sigue siendo discutida.

Comentario: contexto, función y estilo
Contexto histórico y artístico
Darío I subió al trono en el 522 a. C. tras eliminar a un usurpador y sofocar numerosas revueltas, como él mismo narró en el relieve de Behistún. Organizó el imperio en satrapías y construyó Persépolis como capital ceremonial, a pocos kilómetros de Naqsh-i-Rustam. Su tumba es parte del mismo programa: frente a la tumba exenta de Ciro en Pasargada, Darío crea un nuevo modelo funerario que repetirán todos sus sucesores. El lugar ya era sagrado antes de los persas, pues conserva restos de un relieve elamita, y siguió siéndolo después: los reyes sasánidas, que se consideraban herederos de los aqueménidas, tallaron bajo las tumbas sus propios relieves de investidura y de victoria, como el triunfo de Sapor I sobre el emperador romano Valeriano.
Función y significado
La tumba es a la vez sepultura y manifiesto político y religioso:
- Sepultura inaccesible: situada en lo alto del acantilado, protegía los restos del rey y su ajuar frente a los saqueos.
- Imperio universal: los pueblos que sostienen el trono muestran que todo el imperio, en armonía, sustenta el poder del rey.
- Legitimidad religiosa: el rey en oración ante el fuego y bajo el disco alado aparece como elegido de Ahuramazda, el dios supremo del mazdeísmo.
- Palacio para la eternidad: la fachada de pórtico con columnas convierte la tumba en una residencia real para la otra vida.
Rasgos del estilo
El arte aqueménida es un arte del poder con vocación universalista, que combina tradiciones de los pueblos sometidos en un lenguaje imperial propio. La tumba de Darío I lo muestra en todos sus niveles. La idea de excavar la tumba en la roca tiene precedentes en el Próximo Oriente, en las tumbas rupestres de Urartu y de Anatolia, y en los hipogeos egipcios; la moldura de gola de la puerta procede de Egipto; la talla precisa de la piedra, de los canteros jonios, y el disco alado, de una larga tradición egipcia y mesopotámica. Lo persa es la síntesis: la fachada copia la arquitectura de los palacios de Persépolis, con sus esbeltas columnas y sus capiteles de toros, y el relieve presenta la ideología de la monarquía.
Como en los relieves de Persépolis, la composición es simétrica, solemne y estática, con figuras repetidas y ordenadas, sin narración ni dramatismo. También la religión explica la obra. El mazdeísmo rendía culto al fuego al aire libre y no necesitaba grandes templos, por lo que la arquitectura monumental persa se concentra en palacios y tumbas, y la escena religiosa más importante del arte aqueménida no está en un santuario, sino en la fachada de la tumba del rey.
Obras relacionadas
El modelo anterior de tumba real es la tumba de Ciro en Pasargada. La fachada reproduce la arquitectura de Persépolis, con su característico capitel de toros. Para comparar con los hipogeos egipcios pueden verse los hipogeos de Beni Hasan, y para el arte sasánido, heredero de los aqueménidas, el palacio de Firuzabad.
Conclusión
La tumba de Darío I en Naqsh-i-Rustam creó el modelo de sepultura de los reyes aqueménidas: un hipogeo excavado en la roca con una fachada en forma de cruz que reproduce el pórtico de un palacio y muestra al rey en oración, sostenido por los pueblos de su imperio. Es una síntesis de tradiciones egipcias, mesopotámicas, anatolias y jonias al servicio de una idea persa del poder, universal y protegido por Ahuramazda, y su prestigio fue tal que, siete siglos después, los sasánidas eligieron el mismo lugar para sus relieves.
Preguntas frecuentes sobre la tumba de Darío I
¿Dónde está la tumba de Darío I?
En el acantilado de Naqsh-i-Rustam, al noroeste de Persépolis, en la provincia de Fars (Irán), junto a otras tres tumbas reales aqueménidas.
¿Por qué la fachada tiene forma de cruz?
Porque combina tres registros: el inferior liso, el central con la fachada de un palacio con pórtico y el superior con el relieve del rey ante el fuego sagrado.
¿Qué representa el relieve de la tumba de Darío I?
Al rey en oración ante un altar de fuego, bajo un disco alado asociado a Ahuramazda, sobre un trono sostenido por unos treinta pueblos del imperio.
¿Qué es un hipogeo?
Una tumba excavada bajo tierra o en la roca. La de Darío I se talló en la pared del acantilado, con una fachada monumental y cámaras interiores.
¿Qué relieves hay debajo de las tumbas de Naqsh-i-Rustam?
Relieves sasánidas de los siglos III y IV d. C., como la investidura de Ardashir I y el triunfo de Sapor I sobre el emperador Valeriano.
Bibliografía
Boardman, J. (2000). Persia and the West: An Archaeological Investigation of the Genesis of Achaemenid Art. Londres: Thames & Hudson.
Briant, P. (1996). Histoire de l’Empire perse: de Cyrus à Alexandre. París: Fayard.
Root, M. C. (1979). The King and Kingship in Achaemenid Art. Leiden: Brill.
Schmidt, E. F. (1970). Persepolis III: The Royal Tombs and Other Monuments. Chicago: University of Chicago Press.
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