San Apolinar el Nuevo es una basílica de Rávena que guarda una historia de poder escrita en mosaico. La mandó levantar Teodorico, rey de los ostrogodos y cristiano arriano, como iglesia de su palacio; décadas después, los bizantinos la entregaron al culto católico y borraron de sus muros la huella de los godos. Aún hoy pueden verse manos sueltas sobre unas columnas, restos de figuras eliminadas. ¿Qué cuentan sus largas procesiones de mártires y vírgenes y por qué se rehicieron? Lo explicamos en este comentario completo.
Ficha técnica
| Obra | Basílica de San Apolinar el Nuevo (Sant’Apollinare Nuovo) |
| Promotor | Teodorico, rey de los ostrogodos (493-526) |
| Cronología | Comienzos del siglo VI d. C. (antes del 526); reforma de los mosaicos en la década del 560 |
| Estilo | Arte paleocristiano y bizantino de Rávena |
| Materiales | Ladrillo; columnas de mármol; mosaico de pasta vítrea y oro |
| Tipología | Basílica de tres naves con techumbre de madera |
| Ubicación | Rávena (Italia). Patrimonio Mundial de la UNESCO (1996) |

Clasificación de San Apolinar el Nuevo
San Apolinar el Nuevo es una basílica construida a comienzos del siglo VI por orden de Teodorico, rey ostrogodo de Italia, junto a su palacio de Rávena. Era una iglesia de culto arriano, la confesión cristiana de los godos, que negaba que el Hijo fuera de la misma naturaleza que el Padre, y estaba dedicada a Cristo. Pertenece a la última fase del arte paleocristiano en Occidente, pero su decoración en mosaico ya anuncia el lenguaje bizantino.
Tras la conquista bizantina, Justiniano ordenó entregar los bienes de la Iglesia arriana a la católica. En la década del 560, el obispo Agnelo volvió a consagrar el templo a san Martín de Tours, gran adversario de la herejía, y reformó los mosaicos. Su nombre actual procede del siglo IX, cuando se trasladaron aquí las reliquias de san Apolinar, primer obispo de Rávena, desde la basílica de Classe. Forma parte de los monumentos paleocristianos de Rávena, Patrimonio Mundial de la UNESCO desde 1996.
Análisis formal
El edificio sigue el modelo de la basílica paleocristiana: tres naves separadas por dos filas de doce columnas de mármol importado de Oriente, con capiteles corintios y cimacios sobre los que apoyan arcos de medio punto. La nave central, más alta, se ilumina con ventanas y se cubre con una techumbre de madera, hoy un artesonado de época moderna. El exterior es de ladrillo; el pórtico de la fachada es renacentista y el campanario cilíndrico, medieval. El ábside original se perdió y el actual es una reconstrucción, de modo que el gran tesoro del templo son los mosaicos de los muros de la nave.

Cada muro se organiza en tres registros. El superior contiene pequeños paneles con la vida de Cristo, uno de los ciclos más antiguos que se conservan: en el muro norte, milagros y parábolas con un Cristo joven e imberbe; en el sur, la Pasión y la Resurrección con un Cristo barbado. El registro intermedio, entre las ventanas, muestra figuras de profetas o santos de pie. El inferior, el más llamativo, presenta dos grandes procesiones sobre fondo de oro.
En el muro sur, veintiséis mártires encabezados por san Martín salen del palacio de Teodorico y avanzan con sus coronas hacia Cristo entronizado entre cuatro ángeles. En el muro norte, veintidós vírgenes salen del puerto de Classe precedidas por los tres Reyes Magos, que ofrecen sus dones a la Virgen con el Niño, también entronizada entre ángeles. Las figuras, vestidas de blanco, avanzan con el mismo paso entre palmeras, todas con el mismo gesto y la cabeza a la misma altura.

Los mosaicos del Cristo y de la Virgen entronizados, del palacio y del puerto de Classe son de la época de Teodorico. En cambio, las dos procesiones se rehicieron en la reforma católica de Agnelo, sustituyendo un cortejo anterior cuyo contenido desconocemos. En la fachada del palacio, rotulada Palatium, las figuras de la corte se taparon con cortinas, pero aún asoman algunas manos sobre las columnas.
Comentario: contexto, función y estilo
Contexto histórico y artístico
Teodorico gobernó Italia entre el 493 y el 526 desde Rávena, respetando las instituciones romanas y la población católica, aunque los godos siguieron siendo arrianos. Levantó un palacio, un baptisterio arriano y su propio mausoleo. Tras su muerte, la guerra gótica (535-554) dio Italia a Justiniano, que impuso la ortodoxia católica. Ese cambio explica el destino de San Apolinar el Nuevo, que se «reconcilió» con la Iglesia católica mediante una nueva dedicación y una damnatio memoriae del rey godo, al tiempo que se levantaban San Vital y San Apolinar in Classe.
Función y significado
Los mosaicos de la nave conducen la mirada y el paso de los fieles hacia el altar:
- Procesión litúrgica: mártires y vírgenes avanzan hacia Cristo y la Virgen como lo hacían los fieles hacia el altar en la ofrenda, de modo que la nave entera se convierte en un camino hacia lo sagrado.
- Iglesia triunfante: los santos con sus coronas forman la corte celestial, inspirada en el ceremonial de la corte imperial.
- Encarnación y ortodoxia: la Virgen como Madre de Dios con el Niño y la adoración de los Magos afirman la divinidad de Cristo frente a las ideas arrianas.
- Damnatio memoriae: la eliminación de las figuras godas y la nueva dedicación a san Martín borraron la memoria de Teodorico y de su Iglesia.
Rasgos del estilo
San Apolinar el Nuevo muestra cómo el arte de Rávena pasó del lenguaje paleocristiano al bizantino. La arquitectura es todavía la de una basílica romana de tradición constantiniana, como las de Roma, con columnas, arcos y techumbre de madera. Pero en los mosaicos se imponen los rasgos que definirán el arte bizantino: el fondo de oro, que suprime el espacio real y sitúa las escenas en un ámbito celestial; la frontalidad de las figuras sagradas; la isocefalia o alineación de las cabezas; y la repetición rítmica de gestos y vestidos.
Al mismo tiempo, se aprecian diferencias entre las dos fases. Las escenas del registro superior, de época de Teodorico, conservan cierto sentido narrativo y del volumen, con figuras que se mueven en un paisaje mínimo. Las procesiones de la reforma católica son más planas, solemnes y repetitivas: las figuras parecen deslizarse sin peso, separadas por palmeras, en una cadencia casi musical. Es un ejemplo claro de la tendencia bizantina hacia el hieratismo y la abstracción como elección deliberada para expresar lo eterno.
Obras relacionadas
La planta basilical puede compararse con la de Santa Sabina y la de San Pablo Extramuros, y el gran ciclo de mosaicos de la nave tiene un precedente en Santa María la Mayor. Los Magos reaparecen en el borde del manto del mosaico de Teodora y su séquito, y la Rávena anterior a Teodorico se aprecia en el mausoleo de Gala Placidia y su mosaico del Buen Pastor.
Conclusión
San Apolinar el Nuevo fue la iglesia palatina del rey arriano Teodorico y acabó convertida en templo católico tras la conquista bizantina. Su arquitectura basilical es aún paleocristiana, pero sus mosaicos, con la vida de Cristo, los santos entre las ventanas y las solemnes procesiones de mártires y vírgenes sobre fondo de oro, muestran la llegada del lenguaje bizantino. Las manos que asoman en el palacio recuerdan que el arte también fue un instrumento político.
Preguntas frecuentes sobre San Apolinar el Nuevo
¿Quién construyó San Apolinar el Nuevo?
Teodorico, rey de los ostrogodos, a comienzos del siglo VI, como iglesia arriana de su palacio de Rávena.
¿Por qué se llama San Apolinar el Nuevo?
Recibió ese nombre en el siglo IX, cuando se trasladaron a ella las reliquias de san Apolinar desde la basílica de Classe. Antes había estado dedicada a Cristo y después a san Martín.
¿Qué representan las procesiones de la nave?
En el muro sur, veintiséis mártires guiados por san Martín avanzan hacia Cristo; en el norte, veintidós vírgenes precedidas por los Reyes Magos avanzan hacia la Virgen con el Niño.
¿Por qué hay manos sueltas en el mosaico del palacio?
Porque las figuras de la corte goda se taparon con cortinas en la reforma católica del siglo VI y quedaron algunos restos visibles.
¿Qué hay en el registro superior de los muros?
Pequeños paneles con la vida de Cristo: milagros y parábolas en el muro norte y la Pasión y la Resurrección en el sur.
Bibliografía
Deichmann, F. W. (1969). Ravenna, Hauptstadt des spätantiken Abendlandes. Band I: Geschichte und Monumente. Wiesbaden: Franz Steiner.
Deliyannis, D. M. (2010). Ravenna in Late Antiquity. Cambridge: Cambridge University Press.
Herrin, J. (2020). Ravenna: Capital of Empire, Crucible of Europe. Londres: Allen Lane.
Von Simson, O. G. (1948). Sacred Fortress: Byzantine Art and Statecraft in Ravenna. Chicago: University of Chicago Press.
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