En 2006, mientras se trabajaba en una galería, aparecieron unas salas desconocidas con más de mil esqueletos ordenados en filas, envueltos en tejidos y cubiertos de resinas aromáticas. El hallazgo fue solo una de las sorpresas de las catacumbas de los Santos Pedro y Marcelino, en la antigua via Labicana de Roma, que guardan algunos de los frescos más ricos del arte paleocristiano y, junto a ellas, el mausoleo de la madre de Constantino. ¿Qué representan sus banquetes y por qué aparece Cristo entre Pedro y Pablo? Lo explicamos en este comentario completo.
Ficha técnica
| Obra | Catacumbas de los Santos Marcelino y Pedro |
| Autor | Anónimo |
| Cronología | Finales del siglo II o siglo III al siglo V d. C.; pinturas sobre todo de los siglos III y IV |
| Estilo | Arte paleocristiano |
| Material y técnica | Galerías excavadas en la toba; pintura al fresco |
| Extensión | Unos 18.000 m² en varios niveles |
| Ubicación | Via Casilina 641 (antigua via Labicana), Roma, en el lugar llamado ad duas lauros |
| Conjunto | Basílica funeraria constantiniana y mausoleo de santa Elena |

Clasificación de las catacumbas de los Santos Pedro y Marcelino
Las catacumbas de los Santos Pedro y Marcelino son un cementerio subterráneo paleocristiano situado en la tercera milla de la via Labicana, en un paraje conocido en la Antigüedad como ad duas lauros, «junto a los dos laureles». Toman su nombre de dos mártires, el presbítero Marcelino y el exorcista Pedro, decapitados en la persecución de Diocleciano, hacia el 304, y enterrados aquí. En italiano se llaman catacumbas de los Santos Marcelino y Pedro.
El terreno formaba parte de una propiedad imperial. Allí estaba el cementerio de los equites singulares, la guardia a caballo del emperador, que Constantino arrasó tras su victoria sobre Majencio en el 312. Sobre la superficie levantó una gran basílica funeraria en forma de circo y, unido a ella, un mausoleo circular donde fue enterrada su madre, santa Elena, hacia el 329. Bajo tierra, la catacumba se extendía por varios niveles y llegó a reunir miles de tumbas.
Análisis formal
La catacumba reúne todos los tipos de enterramiento: galerías con loculi superpuestos, cubicula familiares y arcosolia decorados. Sus pinturas se cuentan entre las más numerosas de Roma. Son frescos rápidos, de figuras planas y frontales, dibujados con líneas de color sobre fondos claros y enmarcados por bandas rojas y verdes. Junto al Buen Pastor, los orantes y las escenas bíblicas habituales, como Noé, Jonás, Daniel o Moisés haciendo brotar el agua, destacan dos grupos de imágenes.
El primero son las escenas de banquete. Varios arcosolios muestran a comensales recostados en un lecho semicircular, el stibadium o sigma, ante una mesa de tres patas con pescado o carne y vasijas, mientras un servidor les acerca bebida. Algunas llevan inscripciones como Irene da calda («Irene, trae agua caliente») o Agape misce mi («Agape, mézclame el vino»), en las que Irene (paz) y Agape (amor) pueden ser nombres de mujeres o personificaciones. Los banquetes evocan el refrigerium, la comida funeraria en honor de los difuntos, y a la vez el banquete celestial prometido a los justos.


El segundo es la decoración del llamado cubículo de los santos epónimos, de finales del siglo IV. En su bóveda aparece Cristo entronizado entre san Pedro y san Pablo, con túnica púrpura y un libro abierto, entre las letras alfa y omega. Debajo, el Cordero de Dios se alza sobre un monte del que brotan los cuatro ríos del paraíso, entre los mártires Gorgonio, Pedro, Marcelino y Tiburcio, que lo aclaman. Aquí las figuras ya no son símbolos discretos: forman una composición solemne y simétrica que anticipa los mosaicos de los ábsides.
Comentario: contexto, función y estilo
Contexto histórico y artístico
La catacumba nació como cementerio comunitario en el siglo III, en una época en que los cristianos de Roma practicaban la inhumación por su fe en la resurrección de los cuerpos; los materiales cristianos romanos datables no son anteriores a finales del siglo II. Tras el martirio de Marcelino y Pedro, sus tumbas atrajeron a los fieles; el papa Dámaso (366-384) las monumentalizó y les dedicó un epigrama. La gran fosa común descubierta en 2006 contenía más de mil doscientos cuerpos, probablemente víctimas de una epidemia, anteriores al uso propiamente cristiano del lugar. En la década siguiente, la Pontificia Commissione di Archeologia Sacra restauró los cubicula pintados, con financiación de Azerbaiyán a través de la Fundación Heydar Aliyev, y la catacumba se abrió al público en 2014. Del vecino mausoleo de santa Elena se conservan los muros de ladrillo del tambor; las ánforas (pignatte) empleadas para aligerar su cúpula dieron nombre al barrio de Tor Pignattara; su sarcófago de pórfido está hoy en los Museos Vaticanos.

Función y significado
Las pinturas tenían un sentido claro en un cementerio:
- Esperanza en la resurrección: las escenas de Jonás, Daniel o Noé muestran a Dios salvando a los suyos de la muerte.
- Banquete eterno: las comidas pintadas recuerdan los ritos funerarios y anuncian el banquete del paraíso.
- Culto a los mártires: Marcelino, Pedro y sus compañeros aparecen junto al Cordero como intercesores de los difuntos.
- Autoridad apostólica: Cristo entre Pedro y Pablo subraya el papel de los dos apóstoles de Roma en la Iglesia.
Rasgos del estilo
El arte de las catacumbas es un arte funerario y simbólico, de ejecución rudimentaria y figuras planas y frontales. Para entenderlo hay que pasar de la iconografía a la iconología, del objeto representado a su significado: el pez o ichthys, el cordero, el pavo real, la vid o el crismón con el alfa y la omega son signos de fe. Los temas bíblicos, como Moisés y el agua de la roca, Daniel entre los leones o la resurrección de Lázaro, se escogen por su valor salvífico. Es, además, un arte sincrético, que reutiliza tipos paganos: el Buen Pastor procede del moscóforo, el orante de la pietas romana y Orfeo, presente también en esta catacumba, se lee como figura de Cristo.
Las catacumbas de los Santos Pedro y Marcelino permiten seguir la evolución de ese lenguaje entre los siglos III y IV. Los banquetes adaptan un tema de la pintura funeraria romana a un sentido cristiano, mientras que el cubículo de los santos epónimos, con Cristo en majestad entre los apóstoles y el Cordero sobre el monte, muestra el paso a un arte triunfal, jerárquico y simétrico, propio de la Iglesia ya reconocida. La proximidad del mausoleo de Elena y de la basílica constantiniana subraya ese cambio: el cementerio de una comunidad perseguida se convierte en lugar de enterramiento de la familia imperial.
Obras relacionadas
El tema de Cristo entre Pedro y Pablo reaparece en el mosaico de la Entrega de la Ley en Santa Constanza, el mausoleo de la nieta de Elena (mausoleo de Santa Constanza), cuyo sarcófago de pórfido, el Sarcófago de Constantina, es pareja del de Elena. Otras catacumbas comparables son las catacumbas de Domitila y las catacumbas de San Calixto, y el primer espacio cristiano decorado es la domus ecclesiae de Dura Europos.
Conclusión
Las catacumbas de los Santos Pedro y Marcelino reúnen en un solo lugar las etapas del primer arte cristiano: el cementerio comunitario con sus loculi y arcosolia, los frescos sencillos de banquetes y escenas de salvación, el culto a los mártires y, tras la paz de la Iglesia, la basílica y el mausoleo de la madre de Constantino. Restauradas y abiertas al público en 2014, son una de las catacumbas más ricas de Roma por la variedad y la calidad de sus pinturas.
Preguntas frecuentes sobre las catacumbas de los Santos Pedro y Marcelino
¿Quiénes fueron Pedro y Marcelino?
Un exorcista y un presbítero de Roma, decapitados hacia el 304 en la persecución de Diocleciano y enterrados en esta catacumba de la via Labicana.
¿Qué significan las escenas de banquete?
Recuerdan el refrigerium, la comida funeraria en honor de los difuntos, y anuncian el banquete celestial prometido a los justos.
¿Qué representa la bóveda del cubículo de los santos epónimos?
A Cristo entronizado entre Pedro y Pablo y, debajo, al Cordero sobre el monte de los cuatro ríos entre los mártires Gorgonio, Pedro, Marcelino y Tiburcio.
¿Qué relación tiene con santa Elena?
Junto a la catacumba, Constantino construyó una basílica funeraria y un mausoleo circular donde fue enterrada su madre, Elena, hacia el 329.
¿Qué se descubrió en 2006?
Unas salas con una fosa común de más de mil doscientos cuerpos, probablemente víctimas de una epidemia, anteriores al uso cristiano del cementerio.
Bibliografía
Deckers, J. G., Seeliger, H. R. y Mietke, G. (1987). Die Katakombe «Santi Marcellino e Pietro»: Repertorium der Malereien. Ciudad del Vaticano: Pontificio Istituto di Archeologia Cristiana.
Fiocchi Nicolai, V., Bisconti, F. y Mazzoleni, D. (1998). Le catacombe cristiane di Roma: origini, sviluppo, apparati decorativi, documentazione epigrafica. Ratisbona: Schnell & Steiner.
Guyon, J. (1987). Le cimetière aux deux lauriers: recherches sur les catacombes romaines. Roma: École française de Rome.
Krautheimer, R. (1965). Early Christian and Byzantine Architecture. Harmondsworth: Penguin.
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