La iglesia de Santa Sabina es una de las obras paradigmáticas del Arte Paleocristiano. Construida en el siglo V d. C. y heredera de la arquitectura romana inicia el camino hacia el arte medieval.

Nos encontramos ante
tres imágenes de
Santa Sabina, basílica construida en el siglo V d. C., es de
estilo Paleocristiano y se encuentra en Roma.

Para
entender el arte Paleocristiano nos debemos situar en los años del Bajo Imperio
Romano, que abarcan el siglo IV y V d. C. En estos momentos el cristianismo,
religión perseguida por los emperadores, pasó a ser tolerada con Constantino
por el Edicto de Milán en el 313 d. C. y más tarde con Teodosio pasó a
convertirse en la religión oficial del Imperio, año 395 d. C.

Los artistas
paleocristianos, habían ido desarrollando una iconografía cristiana, partiendo
del arte romano, sobre todo en escultura y pintura, que se puede encontrar en
algunas catacumbas, sin embargo, no se manifestó en arquitectura debido a su
ilegalidad. No obstante, a partir de la oficialidad de la religión comenzó una
importante actividad constructiva, sobre todo en el siglo V d. C. De la que
quedan varios testimonios como Santa Sabina, Santa María la Mayor, el mausoleo
de Santa Constanza o la antigua basílica de San Pedro del Vaticano. Los
arquitectos, partieron de la arquitectura romana para crear un espacio adecuado
a las exigencias del dogma y rito cristiano, que exigía, como función principal
albergar a la comunidad de fieles (Ekklesia).

Para ello
adoptaron el modelo de basílica romana, que mediante modificaciones adaptaron
al rito cristiano. La primera modificación fue el cambio de orientación, ya que
las naves se dispusieron de forma longitudinal en lugar de forma transversal
como las romanas, dotando no sólo de un sentido funcional para la reunión de la
comunidad, sino también, de un sentido simbólico, la Iglesia como camino hacia
Dios o hacia el Reino de los Cielos. Esta adaptación se complementa con un atrio,
en la parte exterior y un nártex, espacio a los pies de la iglesia para los
catecúmenos. Además se incluye un transepto, configurando en planta el modelo
de cruz latina, que representa la cruz de Cristo.

En el caso
particular de Santa Sabina, observamos muchas de estas características que
definen a la arquitectura paleocristiana. Comenzando por la planta, vemos como
constaba de un atrio (hoy desaparecido) a los píes de la Iglesia que anticipaba
el paso al lugar sagrado. Después se enmarca el edificio, de tres naves, la
central más ancha y alta que las laterales, que se extienden de forma
longitudinal hasta dar lugar a un ábside, el lugar más sagrado del templo que
simboliza, el Reino de los Cielos, sentido acentuado por la forma del ábside en
forma horno. Como vemos, todavía no se incluye el transepto, pero existe un
elemento, llamado iconostasio (banco en piedra) que divide la zona para alojar
a los fieles de la zona sagrada donde se celebra la eucaristía.

En cuanto al
alzado encontramos cierta correspondencia entre la estructura interior y
exterior, aunque no tenemos la imagen de la fachada (seguramente reformada en
un estilo posterior), vemos como los muros exteriores traducen perfectamente
los volúmenes de las naves laterales, central y ábside.

Vista Posterior. Santa Sabina

En cuanto a
los elementos sustentantes, en el interior vemos una serie de columnas de orden
corintio, muy posiblemente rescatadas de edificios romanos, sobre las que se
levantan arcos de medio punto, (aquí observamos la herencia romana), que
permiten elevar la nave central muy por encima de las naves laterales, sobre
los muros que hay sobre los arcos se abren grandes vanos, rematados con arcos
de medio punto que permiten iluminar la nave central. Al exterior observamos
como los muros también tienen una función estructural que permiten cerrar las
naves laterales y sostener las cubiertas, deben ser bastantes gruesos, pero aún
así se permite la apertura de vanos que iluminen las naves laterales. En cuanto
a los elementos sustentados observamos una cubierta de madera a dos aguas sobre
la nave central, seguramente bajo una estructura de vigas en caballate y a un
agua en las naves laterales. Sobre el ábside observamos una cubierta
semicónica. En el interior la cubierta se presenta con un trabajo de artesonado
sobre madera.

En cuanto a
los materiales observamos un sentido heterogéneo, con ladrillos para los muros,
mármol para las columnas y arcos interiores y madera para las cubiertas.

En cuanto a
la decoración observamos cierta sobriedad, tanto en el interior como en el
exterior que se traduce en una claridad de las formas arquitectónicas. En el
interior algo de decoración en los muros alrededor de los arcos, pero sin duda
se concentra en el ábside, focalizando la atención desde cualquier punto de la
basílica, parece que se trata de un mosaico (opus teselatum), técnica heredada
también del Imperio Romano que parece reproducir una escena bíblica. En el
exterior se omite todo tipo de reproducción basándose en la reproducción de
volúmenes geométricos puros que nos dejan adivinar la estructura interior.

A modo de
conclusión diremos que el Arte Paleocristiano, supone una adaptación de los
modelos y estructuras arquitectónicas romanas, para desarrollar nuevas
funciones que cumplan con las obligaciones del rito y dogma cristiano, como la
reunión de los fieles y la celebración de los sacramentos y al mismo tiempo
dotar de cierto sentido simbólico, como la planta de cruz latina que recuerda
al madero, o el sentido de iglesia-camino, no imbuido de cierto misticismo que
trata de poner a los fieles en contacto con el mundo de Dios. El modelo de
basílica paleocristiana estará presente durante toda la Edad Media y será el
punto de partida del Románico donde culminará el desarrollo de la planta
basilical de cruz latina y del Gótico donde se desarrollará en altura dotando
de un nuevo sentido vertical y de ascensionismo al edificio sagrado.